miércoles 28 de octubre de 2020 - Edición Nº693

Entrevistas | 1 abr 2007

“EN SAN VICENTE FUIMOS INGENUOS”

ENTREVISTA A JULIO PIUMATO


Por Esteban Concia y Federico Martelli

Julio Piumato, Secretario General de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación y Secretario de DDHH de la CGT  habla de la puja por la distribución de la riqueza y la relación con la política del Presidente Kirchner.

La relación entre el gobierno y la CGT, el rol de los sindicatos en esta etapa y los aprietes de los empresarios y grupos de derecha por romper esa alianza.

En el marco de la puja por la distribución de la riqueza, ¿Qué rol vienen cumpliendo los gremios?

Yo creo que estamos en una situación donde a partir de los cambios del año 2001 y la asunción de Kirchner en el 2003 se ha producido una modificación del modelo de país. Ese modelo que estalló con la crisis del 2001, caracterizado por la concentración económica y la apertura suicida de la economía y un perfil agroexportador, destruyó el perfil industrial y millones de fuentes de trabajo.

Creemos que ahora estamos en una situación en la cual la pelea por la redistribución de la riqueza no sólo forma parte del discurso del Gobierno y de los actores sociales, sino que es el desafío más importante que tenemos por delante.

Hay varias maneras de medir el grado de distribución de la riqueza. Algunos la miden desde el salario real, que es un elemento importante pero no es determinante porque no marca la distribución equitativa sino la capacidad de compra que un trabajador tiene con su salario. Es decir que puede subir el salario real y no subir la participación de los trabajadores en la renta nacional.

Este tema no sólo lo ha planteado la CGT, sino también el mismo gobierno nacional que ha fijado como meta alcanzar los niveles de justicia social que hubo en las mejores épocas de la Argentina, entre el 45 y el 55 y el breve período del 73 al 74. En una etapa la participación de los trabajadores superó el 50% y en la otra alcanzó el 47%. Hoy según cifras oficiales pasamos el 30% y si bien falta mucho, vamos en ese camino.

Está claro que en la Argentina están creciendo todas las cuentas, crece la actividad económica, la recaudación impositiva y también el crecimiento de la rentabilidad de los sectores industriales que están teniendo ganancias brutales y estamos ante una situación de puja redistributiva, porque la torta crece y hay quienes no quieren perder su participación. Los altos niveles de rentabilidad que tiene la clase empresarial argentina están fuera de toda discusión, supera a la de los países desarrollados y esto es producto de la ideología de la especulación financiera que les dio grandes ganancias con poco riesgo y en poco tiempo. Esta mentalidad que tienen les impide reconvertirse a una actividad con una tasa de ganancia normal. No tienen ningún justificativo más que un egoísmo ancestral y una visión especulativa permanente y frente a esto hay que tener un accionar popular que les ponga límites.

Quieren generar una acción extorsiva. Si uno los escucha, pareciera que la están pasando mal, pero esto no es real, porque los niveles de ganancia que han tenido los sectores agropecuarios y exportadores son extraordinarios. Y ahí se ve que estos sectores muchas veces no sólo se mueven por un interés económico sino también por una coherencia ideológica. Porque en los años donde les iba mal porque con la convertibilidad se hacía poco rentable la actividad agroexportadora, jamás plantearon una medida de fuerza; porque en el fondo estaban de acuerdo con la ideología de ese proceso ¿Entonces qué hicieron? Su actividad productiva la transformaron en actividad financiera.

Ahora que están ganando como nunca quieren hacer paro porque no están de acuerdo con la política de redistribución que plantea este gobierno.

¿Como es hoy la relación Gobierno –CGT?

La relación es muy buena. En lo que hay coincidencia es en el camino que lleva la Argentina hoy. Después en la definición de cómo debe ser ese camino, obviamente puede haber definiciones distintas. El gobierno plantea que la recuperación del salario debe ser puntos sobre la inflación y la fricción es por cuantos puntos sobre la inflación. Tampoco la CGT plantea algo irreal y lo ha dicho Moyano. Los dirigentes tienen que ser responsables y no pretender recuperar todo en un mes porque pone en riesgo el esquema.

Pero hay ramas de la producción que  pueden dar aumentos importantes.

Oficialmente el Gobierno ha dicho que la negociación es sin techo y sin piso y es muy difícil ponerle un porcentaje para todos los gremios porque no todas las actividades económicas funcionan igual. Los trabajadores, como nadie, saben el índice de rentabilidad que está teniendo cada sector empresario y saben cuánto se puede pedir. Si un trabajador sabe que le pueden dar el 60% de aumento y la patronal te quiere dar el 12 o el 15% es evidente que no va a haber acuerdo.

La otra cuestión es que llegamos a esta situación en la argentina con una gran disparidad en las escalas salariales, primero porque hubo actividades que fueron tremendamente golpeadas por el neoliberalismo y eso se reflejó en las escalas salariales. El otro día lo estaba viendo a Perón en el canal Encuentro y decía con sencillez lo que es el circuito económico. Él creó 76 mil obras públicas porque había 800 mil desocupados en el año 46. En pocos meses desaparecieron los desocupados y al desaparecer los desocupados  empezaron los reclamos salariales porque ya no tenían ese colchón permanente que tienen las políticas neoliberales para que no haya reclamos salariales.

¿Qué cambió en la CGT desde que el MTA asumió la conducción?

La CGT está funcionando ahora, antes no funcionaba. Los trabajadores de sindicatos chicos se sienten respaldados, estamos presentes en las luchas sociales. Dejamos de ser un sello  para volver a tener actividad. Desde que se instaló esta nueva conducción el salario volvió a estar en la agenda de la discusión social en Argentina. Nosotros pedimos el Consejo del Salario y el gobierno lo convocó y ahora todo el mundo habla del salario, incluso los que hacen campañas desonzándonos. Deshonrándonos
Si vas a ver los diarios del 2003 para atrás, no existía la palabra salarios; los neoliberales arrancaron los capítulos de salario de los manuales de economía y en cambio hoy estamos hablando de salario y de predistribución del ingreso y esto creo que es el dato más positivo.
Otro elemento son las convenciones colectivas de trabajo que habían desaparecido y que con la Ley Banelco querían anularlas todas porque la excusa era que había convenios de 1975. Pero los que se negaban a rediscutir los convenios eran ellos.

¿Los episodios de San Vicente fueron para voltearlos de la conducción?


Fue mucho más complejo que eso, por eso yo salí a dar la batalla mediática para exponer nuestro punto de vista. Hay que tener en cuenta el marco, tener una mirada amplia de las cosas. Acá hay una política continental de desestabilización. Con una campaña brutal lo llevaron a Lula asegunda vuelta cuando cinco meses antes parecía imposible. Después hicieron lo mismo con Chávez para que el candidato opositor llegara al milagro del 35%, que no es la realidad de Venezuela; y en Argentina va a pasar lo mismo porque hay una voluntad de romper este bloque continental que no sólo está avanzando hacia la unificación que fue el sueño de San Martín y Bolívar, sino teniendo una política soberana que hiere los intereses de Estados Unidos, esto está claro.

Entonces, debilitar al gobierno era un objetivo de los intereses foráneos y también de algunos intereses locales que a todos de una forma u otra los beneficiaba que salga todo mal. Ese acto por pedido de la CGT y las 62 organizaciones iba a ser cerrado por el Presidente y se demostró que el acto era tremendamente importante.

Teniendo en cuenta esto que decís ¿no fueron entonces un poco ingenuos?

A lo mejor hubo ingenuidad, o no era el momento para hacerlo. Pero el sentimiento popular estaba presente y fue borrado por los medios de comunicación. Si ese acto lo cerraba Kirchner se fortalecía ese eje y por eso mismo no lo iban a permitir. Prepararon la provocación, una banda de mercenarios copo la quinta desde muy temprano y después fue un aquelarre todo el tiempo y con una misión específica que era provocar a los camioneros.

Fijate que hasta usaron un aparatito, el raptor, que dejó sin señal de celular a toda la zona. Trataron de reabrir una interna sindical que no existía entre los trabajadores y los medios jugaron a eso.

¿Salieron fortalecidos o debilitados de San Vicente?

En términos estratégicos si salía todo bien salíamos tremendamente fortalecidos, pero también hay que tener en cuenta que lo que no te mata te fortalece. Porque si ves que el diario de mayor circulación de la Argentina le dedica 10 tapas, 10 días consecutivos a Moyano para voltearlo como fuera.
Y si pasamos todo eso salimos fortalecidos porque no se quebró la alianza de conducción y se demostró que el grupo de gremios que conspiraba era reducido. Fijate que uno de los dirigentes que era más afín al menemismo hacía tradicionalmente los asados en Mar del Plata en enero y este año lo tuvo que suspender porque no llenaba la mesa.

Hablamos de la distribución de la riqueza y del rol de la CGT y en cada respuesta aparece la referencia al peronismo… ¿Qué es ser peronista hoy?

Cuando discutimos en las 62 organizaciones yo siempre planteo lo mismo: al peronismo no hay que adjetivarlo, le tenemos que poner contenido y hay que hablar de justicia social de independencia política, soberanía económica y unidad latinoamericana. Desde ahí y no desde un sellito. Con esa perspectiva, el gobierno de Kirchner ha sido el más peronista desde Perón.

En el número anterior de 2010, Carlos Kunkel planteó que se recuperaron los principios ideológicos del peronismo sin esconderse detrás de las fotos de Perón y Evita.


Y porque con la foto de Perón se han hecho desastres. Peor, sufrimos lo que yo llamo la maniobra de contrabando ideológico más profunda que vivió la Argentina, que fue el menemismo que demuestra hasta dónde existe el odio del imperialismo al peronismo. Trataron de desmontar todo el bienestar que generó Perón usando los mismos símbolos para generar una profunda contradicción que desmovilizara.

Entonces, ahora los analistas externos dicen: ¿Qué peronismo? El de Perón o el de Menem. No, peronismo hay uno solo y tiene definiciones, ideología y doctrina; lo otro no fue peronismo.

 Aparentemente este año le darían la personería gremial a la CTA y en reiteradas oportunidades te manifestaste contra esa posibilidad. ¿Por qué?

Yo creo que eso es un error. Mirá, ahora hicimos la conferencia conjunta por la muerte de Carlos Fuentealba y hablamos de la necesidad de unificar la fuerza. Esta pelea de la que hablamos, por la distribución de la riqueza, merece una fuerza sindical unificada y no dividida.

¿Es posible en términos reales la unidad?

Yo creo que sí. Hugo Yasky y los compañeros de la CTA, valoraron mucho en aquella reunión que se den pasos conjuntos. Coincidimos todos que no podía ser que tenga que morir un trabajador para que nos juntáramos. Pero además en el documento conjunto aparecen otros temas como el rumbo que debe tomar el país y el rol de los trabajadores. Yo sigo pensando que nos tenemos que unificar; porque si hay dos, tres o cuatro, y eso lleva a la “libanización” del movimiento obrero, se debilita que es lo que quieren los poderosos.

 La CTA señala que es necesaria la personería para romper la complicidad patronal-sindical en algunos sindicatos de la CGT


Yo te puedo demostrar que también falta democracia sindical en gremios adheridos a la CTA. Una cosa es el discurso y otra es la realidad. Porque una cosa es el modelo sindical y otra son los dirigentes. La dinámica y el proceso abierto en la Argentina, tiende a que en los gremios donde hay dirigentes no representativos, la gente los va a pasar por arriba.

Si hay sindicatos que tienen trabajo esclavo es por culpa de sus dirigentes y que esos dirigentes vayan viendo que van a hacer cuando los trabajadores no los voten más.

¿Realmente los ves a los dos “Hugos” conduciendo la misma Central?

Y… eh… sí lo veo; tiene que haber unidad. Este tema fue el que nos separó siempre, el del modelo sindical. Ojo, nosotros también tuvimos la tentación de armar una Central, si podíamos parar el país; y sin embargo no caímos en eso porque es un error estratégico, nos planteamos recuperar la CGT.

Vos ves ahora que a Moyano lo matan los medios. ¿Por qué lo matan? Por sus virtudes, porque al poder económico le jode que haya una CGT como la que hay. Así que yo creo que por los trabajadores es necesario que nos unifiquemos con la CTA y lo de la personería es un paso atrás en el modelo sindical argentino. Yo espero que con la CTA sigamos discutiendo estas cuestiones para llegar a acuerdos más profundos.

¿Qué opinión tenés de la disputa abierta con un sector de la justicia a partir del acto del 24 de marzo?


Nosotros venimos batallando internamente en esa misma dirección y es una batalla difícil. Ya Perón decía que en la justicia anidan los sectores más conservadores de la sociedad y es como que están atrincherados.

Porque más allá de los cambios que hubo en la Corte Suprema, que son indudables, la justicia se resiste a los cambios. Como gremio sabemos que si no modificamos la justicia, los trabajadores no podemos avanzar en las reivindicaciones.

La corrupción sigue siendo muy grande. Si bien se han modificado los mecanismos de selección siguen pasando cosas gravísimas, como concursos truchos o aspirantes a los que les alcanzan el tema antes de rendir.

La corporación judicial maneja mecanismo que son terribles. Recordemos que al Juez Gabriel Cavallo, que se decía que era de los más independientes. Él negocia desprocesar a los Senadores de la “Ley Banelco” a cambio de que lo asciendan a Camarista. Este no es un producto de la servilleta y podríamos llamarlo el Camarista de los sobornos.
El otro tema, es que no se ve en quiénes representan la política del Presidente ante la justicia una uniformidad de criterio para tratar estas cuestiones. Fijate que el hecho de que en la justicia haya meritorios, que son esclavos, es inaceptable. Nosotros hace dos años que estamos luchando por este tema y tendrían que haber sido nombrados; seguimos dando vueltas y esto descalifica a la política del Gobierno.
 

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