26/05/2022 - Edición Nº1268

Política Nacional | 23 dic 2021

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¿Cuál es el lugar de la energía nuclear argentina en la transición energética?

La ampliación del parque de generación nucleoeléctrica y la puesta a punto de las centrales existentes permite avanzar en el objetivo de descarbonización de la matriz. El primer reactor de 32MWe construido íntegramente en el país y otro multipropósito para radioisótopos. El rol de los centros atómicos de la CNEA.


Por: Patricio Ballesteros Ledesma

 

La Argentina tiene una larga experiencia en la generación eléctrica a partir de la energía nuclear, que hoy ronda el 7,5% de su matriz total, aunque en las últimas décadas ha quedado estancada. Ahora, por su carácter estratégico y ambiental, el Estado busca darle una mayor participación e impulsa diversos proyectos.

Con la abundancia de petróleo y gas de los yacimientos explotados y la promesa de extracciones crecientes en el inmenso reservorio de Vaca Muerta, sus ventajas comparativas eran menores, además de las enormes inversiones que se necesitan para instalar una gran usina nuclear o los presupuestos para mantener las existentes.

Sin embargo, mientras que los hidrocarburos tienen una alta incidencia en la emisión de carbono a la atmósfera, la fuente nuclear está casi libre de gases de efecto invernadero (GEI), ya que sólo libera ínfimas cantidades de CO2 y vapor de agua como resultado de su funcionamiento, y otorga potencia constante y no intermitente como el viento y el sol.

De todas formas, aunque los tiempos que corren la indicarían como más limpia que la explotación de fósiles, sus mayores reparos vienen por el lado de su virtual peligrosidad añadida por la utilización de uranio en su núcleo, la disposición final de los residuos radioactivos utilizados y por la eventual liberación de radiación nociva al ambiente ante un incidente.

Desde el punto de vista de la seguridad, los especialistas señalan que las centrales nucleares trabajan con uranio levemente enriquecido, por lo que en una usina atómica no hay ningún peligro de explosión. Por otro lado, los residuos radiactivos tienen un pequeño volumen y se guardan en lugares especialmente acondicionados y seguros para impedir cualquier fuga o contaminación ambiental.

[Más potencia nuclear, en menor escala]

Así como se impulsan las energías renovables desde los parques eólicos y fotovoltaicos, y las represas hidroeléctricas o los pequeños aprovechamientos, ahora también se están revisando las centrales nucleares existentes y viendo las alternativas para incorporar a la matriz energética más potencia de este origen.

La Argentina tiene que ver cuál es la mejor matriz, o la que puede llegar a alcanzar, y la energía nuclear va a cumplir un rol fundamental. Se puede incorporar más generación de energía nuclear, teniendo en cuenta el entramado científico y productivo que se genera alrededor” sostuvo a principios de diciembre Nicolás Malinovsky, director del Observatorio de Energía, Ciencia y Tecnología (OECyT).

Y en eso está el país en este momento, con el Gobierno buscando las mejores alternativas para incrementar el uso de los recursos disponibles, en línea con la oportunidad que representa la energía atómica en el camino hacia la descarbonización planteada hacia el 2050.

“La energía nuclear representa el 10% de la generación de energía eléctrica a nivel mundial: en la Argentina es el 7,5%. En ese esquema, si vamos a un mundo descarbonizado, las alternativas que tenemos de potencia firme son el gas, el carbón, los hidrocarburos, y lo que es energía nuclear: porque las renovables generan energía, pero son intermitentes”, aclaró el experto del OECyT.

El país cuenta con tres centrales nucleares: Atucha I (362MWe), Embalse (683MWe) y Atucha II (745MWe), que utilizan uranio natural y enriquecido como material de fisión y agua pesada como moderador de neutrones y como refrigerante para su funcionamiento. 

Esta última estuvo paralizada entre 1994 y 2006 (con intentos de privatización, junto a las otras dos centrales), hasta el relanzamiento del Plan Nuclear Argentino por el presidente Néstor Kirchner y, tras cinco años de reinicio del proyecto, se dio la puesta en marcha en 2011. En 2016, a 32 años de su inicio de obra, obtuvo su licencia de operación comercial.

La central cordobesa, que aporta su energía a la red nacional SADI, inició en 2007 un proceso para prolongar su vida útil por 30 años más (caducaba a fines de 2015), con una inversión de US$2.149 millones y tres años de trabajo, y volvió a estar operativa en 2019.

[El primer reactor con diseño 100% argentino]

También en el mismo emplazamiento de los dos reactores Atucha, se está trabajando en la construcción de un tercero, el primero en diseñarse y construirse íntegramente en el país, el CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), un reactor modular de potencia media (32MWe).

Ya en 2007 el país había pasado de operador a diseñador y constructor en Atucha II, cuando el contratista y proveedor original Siemens se retiró del negocio nuclear y el gobierno argentino decidió encarar un nuevo rol para reactivar las obras en la central que estuvo más de una década parada.

El prototipo se está construyendo en un predio cercano a Lima, en el partido bonaerense de Zárate y el edificio que lo contendrá se proyecta con 18.500 m2 de superficie. La obra civil lleva un avance del 60% y comenzó el 8 de febrero de 2014, fecha desde la que el CAREM se ha constituido como el primer reactor modular de baja y media potencia del mundo en estar oficialmente en obra, según el OIEA.

Este tipo de reactores, de menor potencia que las grandes y costosas centrales nucleares, tienen una importante proyección para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos, y cuya cantidad de habitantes hace que el transporte de la energía generada por las grandes centrales ubicadas en otros puntos del país (nucleares, hidroeléctricas, térmicas) encarezca sensiblemente el costo de la electricidad. 

De esta forma se plantea una descentralización de la generación, permitiendo un diseño de redes potencialmente independientes al sistema interconectado. El CAREM de 32MWe, en su máximo rendimiento, podría abastecer del fluido en firme a una población de 120.000 habitantes.

En paralelo al desarrollo del prototipo, la CNEA avanza en el diseño conceptual del que será el módulo comercial del CAREM, el cual tendrá una potencia mayor (de 100 a 120 MWe), y sería la base de una central multi-reactor con costos muy competitivos para el mercado internacional.

[Otro reactor en construcción, para radioisótopos]

Por otro lado, existe otro proyecto en desarrollo desde 2016 junto al INVAP, el Reactor Nuclear Argentino Multipropósito RA-10, que se ubica en el Centro Atómico Ezeiza, destinado a la generación de radioisótopos para autoabastecer al sector médico, usos industriales y científicos.

El RA-10 le permitirá al país situarse al tope de los desarrollos de este tipo de reactores, siguiendo una línea de evolución tecnológica cuya referencia inmediata es el Proyecto OPAL, el más moderno reactor de producción de radioisótopos que la Argentina a través de INVAP construyó para Australia en 2007, reafirmando su lugar como referente mundial en tecnología nuclear.

“El Estado Nacional está recuperando una política de desarrollo nuclear soberana apostando al crecimiento de este sector estratégico que aporta una fuente limpia y segura a la matriz nacional de generación eléctrica y que tiene un impacto muy importante en el desarrollo tecnológico e industrial argentino”, afirmó Federico Basualdo, subsecretario de Energía Eléctrica, en noviembre pasado, cuando visitó el Complejo Nuclear Atucha.

Allí se reunió con los presidentes de las empresas estatales Nucleoléctrica Argentina S.A, José Luis Antúnez, e Integración Energética Argentina S.A. (IEASA), Agustín Gerez, para evaluar los proyectos de energía nuclear y las novedades en esta industria estratégica, en el marco de la recuperación de la prioridad que el Estado otorga al desarrollo del sector.

La comitiva, que incluía a otros funcionarios del área, recorrió las instalaciones convencionales de Atucha I y II, visitaron el predio donde se emplazará la cuarta central nuclear argentina y observaron los avances de obra en el edificio de Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Quemados de Atucha I.

[La CNEA, sus instalaciones y los institutos conexos]

En esta materia, la Comisión Nacional de Energía Atómica es el organismo público más relevante, que desde su fundación a mediados del siglo pasado ha trabajado en el diseño, construcción y operación de reactores de investigación y de producción de radioisótopos; la fabricación de combustibles nucleares, de agua pesada y de cobalto 60; la construcción de paneles solares para los satélites argentinos, entre otros desarrollos científico-tecnológicos.

La mayor parte de las actividades de la CNEA, desde la investigación científica de base hasta la elaboración de soluciones tecnológicas de alto valor agregado se realizan en los tres centros atómicos del país: Bariloche (Bariloche, Río Negro), Constituyentes (San Martín, Buenos Aires y Ezeiza (Ezeiza, Buenos Aires).

Cada uno de los centros atómicos es un polo de desarrollo y transferencia de tecnología, cuyos beneficios se trasladan al conjunto de la sociedad y sus instalaciones funciona un reactor de baja potencia dedicado a tareas de investigación y docencia (RA-6, RA-1 + Acelerador de iones pesados Tandar y RA-3 + Planta de irradiación semi industrial), esto último en vinculación con un instituto académico asociado (Balseiro, Sabato y Dan Beninson).

Además, a 60 km de Bariloche, en el paraje Pichileufú Arriba, se encuentra el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, una instalación de la CNEA donde se emplaza la Planta de Enriquecimiento de Uranio, destinada a potenciar el combustible nuclear de los reactores de potencia.

En el mundo hay 443 reactores nucleares comerciales (más 55 en construcción), distribuidos en poco más de 30 países, que representan en conjunto una potencia total de 393 GWe. Ese nivel de generación máxima demanda 71.000 toneladas de uranio al año para la fabricación del combustible nuclear. Cerca del 90% de la producción de ese metal se concentra en Canadá, Australia, Kazajistán, Níger, Namibia, Rusia y Uzbekistán. 

El Uranio 235 constituye la fuente de energía primaria de este proceso, pero no se lo utiliza directamente, sino que deben realizarse procesos de refinación, purificación y conversión para obtener dióxido de uranio (UO2), que es la materia prima básica para la fabricación de combustibles nucleares. 

La Argentina tiene varios yacimientos con reservas probadas del metal natural (30.000 tn), pero no están en producción, ya que en la década de los 90, el Gobierno decidió desactivarla porque el costo del uranio importado era más barato que el de producción nacional. En la región, Brasil es el único país que lo extrae y comercializa en la actualidad.

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