jueves 22 de octubre de 2020 - Edición Nº687

Editorial | 1 sep 2009

Sueños hechos realidad

El Proyecto para Jóvenes Emprendedores Rurales, una iniciativa del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales que depende de la Secretaría de Agricultura Ganadería, Pesca y Alimentos, busca transformarse en un arma efectiva contra el éxodo rural, apostando a la creatividad y el empuje de los jóvenes productores de todo el país.


Emprendimientos contra el éxodo

Por Luis Freitas

La codorniz es un ave de tamaño pequeño originaria de China y Japón. Las hembras ponen por año unos 300 huevos que pesan unos 10 gramos y son más ricos en vitaminas y minerales que los de gallina. Para lograr éxito en su explotación se recomienda comenzar con un lote de 50 a 100 animales e ir aumentando a medida que se vaya obteniendo experiencia, colocar la cría en un lugar con buenas condiciones de clima, higiene y ubicación, y estudiar las posibilidades del mercadeo antes de largarse a la explotación en grande. Pero lo que resulta verdaderamente muy importante es tener constancia y perseverancia en la empresa.

Atento a estas cuestiones,  un par de años atrás Nelson Cornejo se decidió a criar codornices en Albardón, su ciudad natal, en la provincia de San Juan. Hoy, junto a Cristian y Yamila, sus dos socios, ya cuentan con doscientas aves que meten bulla en un galpón que les cedió la Federación de Cooperativas Agrícolas (FECOAGRO) de San Juan. Todo comenzó cuando Nelson participó de un curso en San Luis, que formaba parte del proyecto Jóvenes Emprendedores Rurales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA). Buscando información descubrió en las codornices un mercado virgen en la zona, se juntó con 10 jóvenes más, armaron una propuesta de trabajo y pidieron a FECOAGRO un préstamo de 4.000 pesos. Además, consiguieron otros 3.000 de la Universidad de San Juan, gracias a la gestión de un profesor. “Con los créditos, compramos las jaulas, las 200 codornices y el alimento, los naples para los huevos y acondicionamos el gallinero que existía en el predio”, cuenta Nelson. “Acomodamos el lugar, construimos el techo, pusimos la iluminación, inventamos la forma en que irían las jaulas y sobre la marcha fuimos modificando algunos detalles como el sistema de bebederos. Para fin de febrero del 2006 entraron las codornices”. El próximo desafío es tener un criadero propio con 2.000 codornices. Para ello consiguieron que el INTA les prestara una incubadora casera que ya están probando.

Parar el éxodo

A través del proyecto Jóvenes Emprendedores Rurales la SAGPyA brinda estímulo a los jóvenes del interior para el desarrollo de emprendimientos productivos y de servicios propios, individuales y asociativos, en su lugar de origen. “¿Por qué un proyecto para jóvenes rurales? Porque es esta la franja de edad donde más se migra, porque es la edad de iniciar proyectos de vida y porque vemos a los jóvenes con capacidad de transformación de los territorios, por su potencial y sus posibilidades de cambio y de innovación”, afirma a 2010 Gustavo de la Arena, coordinador del proyecto con el que se busca evitar el desarraigo y la migración hacia las grandes ciudades que se da por falta de oportunidades. “El ámbito rural no sólo da múltiples posibilidades para la concreción de proyectos productivos, dice de la Arena, sino que la gestación de emprendimientos es necesaria para promover la creación de nuevos puestos de trabajo, igualar las oportunidades y generar un desarrollo sostenible”.

Los beneficiarios de este proyecto -de alcance nacional- son jóvenes rurales de 18 a 35 años, a quienes se alienta también en la innovación, la diversificación productiva y la inserción en las cadenas productivas locales. Con el fin de ofrecer apoyo técnico y de desarrollo metodológico para la generación de espacios de referencia, el proyecto cuenta con Centros de Desarrollo Emprendedor (CDE) que se crean en asociación con organizaciones o instituciones locales reconocidas en el ámbito rural, como cooperativas, escuelas agrotécnicas, ONG´s, agencias del INTA y gobiernos provinciales y municipales.

“Tenemos un especial interés en la formación de los jóvenes emprendedores rurales”, dice Alfredo Romano, miembro de FECOAGRO. “Muchos provienen de cooperativas y escuelas agrotécnicas, de familias rurales que están arraigadas en el campo. Lo que necesitan fundamentalmente estos muchachos, dadas las deficiencias o falta de elementos que brinda la escuela en el sector rural, es capacitarse en todos los temas que hacen a al desarrollo de pequeños emprendimientos”.

Los CDE ponen a su disposición diversos programas de estímulo y capacitación para el desarrollo de competencias emprendedoras, para visualización y comunicación de oportunidades del contexto, vinculación a redes de apoyo, dan asistencia técnica directa a potenciales emprendedores y emprendedores nóveles. En el caso de los emprendedores que ya tienen un proyecto productivo avanzado y no necesitan de una capacitación básica, se brindan servicios de consultoría, asesoramiento en comercialización, publicidad. Muchos de ellos cuando llegan al centro, en tres o cuatro jornadas, empiezan a armar una red de apoyo, se contactan con otro que puede ser proveedor o alguien que puede vender sus productos o que les puede transmitir su experiencia. “Por no perder un cliente bajaba el precio y acá, en las capacitaciones, aprendí que no, que cuando uno baja el precio desvaloriza su trabajo”, cuenta Carina Gómez, emprendedora de América, Buenos Aires.

Profetas en su tierra

“En mi familia son productores agrícolas y yo veía que la gente incorporaba tecnología. En una exposición de maquinaria y herramientas vi los avances tecnológicos que se estaban implementando. Eso fue lo que me motivó a empezar a dar este tipo de servicio, que no existía acá”, cuenta Federico García Fernández, que vive y trabaja en Burruyacu, Tucumán. “Mis clientes son gente que necesita incorporar equipos que controlen a su maquinaria. Les vendo el equipo, se los instalo y se los enseño a usar. Uno de los equipos es el que mediante un control satelital hace que se guíe esa máquina en el campo,  para que el maquinista haga una pasada al lado de la otra sin dejar espacio entre ellas”, cuenta. Federico empezó con este emprendimiento en 2005.

Estaba desempleado y con ganas de terminar sus estudios universitarios. Él y su mujer, ambos estudiantes universitarios, pensaron que con este negocio podrían vivir y seguir sus carreras. Tres años después, ella avanza en sus estudios de Medicina y él en Ingeniería eléctrica. Ella se ocupa de las tareas administrativas del negocio y él instala y repara los equipos.

Sobre el aporte del Proyecto Jóvenes Emprendedores, Fernández cuenta que asistió a una charla y se contactó con ellos. “Me enseñaron mucho en la administración de mi empresa. Fue un aporte grande, porque como uno no está muy al tanto de eso y la universidad no me capacitó”.

Los hermanos Juan y Nicolás Troncoso, de Trevelín, Chubut, heredaron una fábrica de calzado de sus padres e intentaron darle un nuevo impulso, con nuevas ideas, pero no daban pie con bola en la parte administrativa y las estrategias comerciales. Con esas inquietudes se acercaron a un Centro de Desarrollo Emprendedor, donde conocieron a Juan Pablo Luna. “Nos dio una gran mano en el tema de la organización, que nos costaba muchísimo, porque no hay una escuela para eso”, dice Juan. “Ahora estamos intentando poder ampliar y hacer una producción masiva, y reducir costos y poner gente a cargo”.

El proyecto tiene actualmente centros en Frías (Santiago del Estero), San Rafael (Mendoza, donde recientemente se crearon dos nuevos centros en Malargue y General Alvear, mediante un convenio con el Instituto de Desarrollo Rural), Noroeste de Chubut, Pergamino, América (partido de Rivadavia), Coronel Vidal, Olavarría, Azul, Los Olmos, y también en las provincias de Catamarca, San Juan, Corrientes y Tucumán. Dichos centros cumplen dos funciones fundamentales: una de capacitación y una de seguimiento de emprendedores. La parte de seguimiento está a cargo de los facilitadores locales, contratados a través del proyecto,  quienes dan el apoyo más directo y en el día a día a los emprendedores. La parte de capacitación se hace mediante una metodología que baja a través de cursos de formación de formadores, para que la capacidad quede instalada. Para la gente de la SAGPyA, los centros de desarrollo emprendedor son la herramienta con la que se pueden crear miles y miles de nuevas empresas, para que no sólo haya gran producción, sino además muchos habitantes en nuestro medio rural.

“Cuando las condiciones de apoyo a los jóvenes son correctas y los métodos de motivación, tutoría y capacitación son buenos es posible, con esfuerzo por parte de los jóvenes y con proyectos consistentes, crear nuevas unidades productivas y tener un proyecto de vida muy interesante en la propia localidad donde se ha nacido y criado”, afirma Gustavo de la Arena. Eso es algo que queda muy claro cuando uno conversa con los protagonistas. Nelson, Yamila, Cristian, Federico, Juan, Nicolás y tantos otros, no se arrepienten de nada, al contrario, están orgullosos de haberse animado a hacer realidad su sueño.

 

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