miércoles 28 de octubre de 2020 - Edición Nº693

Política Nacional | 1 jul 2009

Modelo para armar

Héctor Recalde, Diputado Nacional y asesor legal de la CGT, y Omar Plaini, Diputado electo por el kirchnerismo, junto al Secretario General de la CTA, Hugo Yasky, analizan la posibilidad de conformar una Mesa Sindical que sirva de sustento político y social para garantizar la gobernabilidad del proyecto K. ¿Cómo defender las conquistas sociales obtenidas?


Elecciones 2009 

Por Lautaro González

Las elecciones legislativas pasaron factura a la interna del gobierno y también abrieron el juego acerca de cuál es el rol del sindicalismo argentino. La fuga de capital político e institucional y el movimiento de referentes, como partida de ajedrez, indica la aparición de un objetivo nuevo: delinear un esquema de gobierno que oxigene la gestión de Cristina Fernández de cara al final de su mandato.

Una vez más, el único sector que se mantiene con altos niveles de organización es la clase trabajadora. Ahí se encuentra tal vez el centro más importante de defensa del modelo iniciado por Néstor Kirchner en el 2003: las centrales sindicales. Si bien la CTA apuesta a la representación directa, mientras que la CGT de Moyano mantiene el perfil en las grandes estructuras sindicales, ambas organizaciones sostienen un modelo político y económico similar, basado en la defensa de los intereses de los trabajadores.

Para Héctor Recalde, Diputado Nacional y asesor legal de la CGT, la idea de conformar una “Mesa de Enlace Sindical” no es descabellada: “Lo veo magnífico, además no sería una novedad. Históricamente eso ocurrió: en 1994, la CTA y el MTA (la CGT de Moyano) hicieron la Marcha Federal, cacerolazos y ollas populares. En el último tramo, la CGT, los “dos Hugos”, Yasky y Moyano, se unificaron para repudiar el asesinato de Fuentealba. Posteriormente suscribieron una carta con los intelectuales de Carta Abierta, y trabajaron en conjunto por la movilidad previsional. Además, repudiaron la violencia como metodología sindical por lo que pasó en Rosario, donde se enfrentaron dos fracciones del mismo sindicato”. El conflicto estuvo a punto de iniciar una pelea entre las dos centrales, y ambos dirigentes lo desmintieron al firmar un comunicado en conjunto.  

Por su parte, Hugo Yasky, máximo responsable de la CTA, afirma que las condiciones para discutir con la CGT “van a depender del escenario político y social que enfrentemos los trabajadores a partir de la recomposición del mapa político que se plantea después de la elección del 28 de junio. Hay una especie de rebrote o de crecimiento electoral de fuerzas políticas que han cuestionado lo que para nosotros son los aspectos más positivos del proceso que se vive con el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández”.

Omar Plaini, Secretario General del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas (SIVENDIA), dice que “con la CTA hemos tenido unidad de acción en varias instancias. No veo una dificultad en tener acciones en conjunto para temas puntuales, pero habría que ver cuál sería el objetivo, y ante qué problema. La CGT ya se ha expresado: nosotros defendemos este modelo. Hemos jugado muy fuerte y vamos a sostener el modelo que hoy lleva adelante la Presidenta Cristina Fernández”.

El toma y daca sindical

Tanto Recalde como Plaini son hombres cercanos al círculo íntimo de Hugo Moyano. Al igual que Yasky, sostienen que las condiciones para el diálogo siempre están dadas. Por eso Plaini, a la hora de analizar el papel de la CTA en las últimas elecciones, no duda en remarcar que algunos miembros de dicho organismo no apoyaron las listas del gobierno y se fueron con candidatos opositores como Sabbatella y Pino Solanas. “Acá se tiene que expresar más claramente la CTA si apoya o no a este modelo. Hay sectores que han jugado con otros candidatos. Ese problema lo tiene que resolver la CTA. Nosotros el 30 de abril fuimos claros y contundentes: apoyamos este modelo y lo queremos profundizar”.

Lo que sucede dentro de la CTA lo expresa Yasky, quien luego de las elecciones ganadas por Francisco De Narváez y todo el arco opositor al gobierno considera que las relaciones internacionales, la hermandad con los pueblos de América Latina y la política en derechos humanos que el kirchnerismo supo construir cobran mayor relevancia. “Estas fuerzas –en alusión a quienes ganaron el 28-J- quieren terminar las relaciones con los gobiernos populistas, revisar el pasado y generar otra vez las condiciones para una pacificación sustentada en el olvido. Han cuestionado también la recuperación para el patrimonio estatal de Aerolíneas Argentinas o la reestatización de las AFJP. Si todo esto pasara del terreno discursivo al terreno de los hechos, si una hipotética mayoría parlamentaria de estos sectores les abriera cauce para intentar volver sobre el camino de recuperación que significaron estas políticas, habría condiciones para coincidir, por lo menos, con un sector de la CGT: aquel con el que en la década del ´90 compartimos la resistencia a las políticas menemistas”.

Aunque todavía no se hayan escuchado voces oficiales de unificación en torno a ejes programáticos a llevar adelante por ambas centrales, el camino, paradójicamente, lo mostraron la Sociedad Rural y la Federación Agraria al conformarse como espacio de discusión de las patronales del campo y avanzar por sobre la unidad sindical. “El gobierno se enfrentó al poder establecido. Fue por la renta extraordinaria y muchas otras cuestiones. Ahora, con el resultado puesto, analizan que se profundiza el neoliberalismo. ¿Las corporaciones y el establishment no iban a jugar a esto? -se pregunta Plaini-. Si bien nuestro sector no ha avanzado demasiado, siempre priorizamos el conjunto de los trabajadores, donde se abrieron las paritarias, se crearon millones de puestos de trabajo y se jubilaron 1.800.000 abuelos”.

Para Yasky, comparar la Mesa de Enlace con una hipotética “Mesa Sindical” reviste cierto grado de complejidad: “la Mesa de Enlace expresó una política de alianzas de sectores claramente identificados con la defensa de un modelo de acumulación basado en los grandes productores del agro y las distintas formas del pool sojero y el negocio de los agroquímicos. Esto consolidó un esquema en el que los intereses que se defendían, por más antipopulares que fueran, estaban claramente identificados. En nuestro debate existen puntos de contradicción que evidentemente obstaculizan la posibilidad de ir a fondo en un proyecto programático que plantee a fondo la recuperación a manos del estado nacional del sector energético, de la producción petrolífera, los ferrocarriles, etc y avanzar sobre la renta minera y petrolera. Todos estos puntos dificultan la posibilidad de armar un programa común, porque hay distintas miradas desde el movimiento sindical. Desde la CTA, alentaríamos la posibilidad de coincidir en la práctica como lo hicimos cuando se planteó el conflicto por la 125 o la reestatización de las AFJP”.  

Sindicalismo y política

Posiblemente, la verdad entre las dos centrales esté entrecruzada por lo político. Se sabe que Hugo Moyano es parte de la conducción del PJ, mientras Hugo Yasky está vinculado al partido Nuevo Encuentro, que encabeza Martín Sabatella. Sin embargo, Recalde no encuentra ningún impedimento para que ambas centrales se junten y defiendan las conquistas de los trabajadores: “Este espacio debería abocarse a la defensa irrestricta de todos los derechos de los trabajadores y la profundización de la recuperación de derechos y conquistas, como así también en la lucha por una más justa distribución de la riqueza. Hay que juntar fuerzas por esta coyuntura de la pandemia”, señala, en referencia a la Gripe H1N1.

Más allá de la posibilidad de ampliar el espacio a otros organismos como el Consejo Económico y Social, algunas pymes, cooperativas u otros grupos, el Diputado Nacional por el FPV sostuvo que lo primordial es “la defensa de los asalariados”, a lo que agregó que “no tendría ningún problema en dar el primer paso para la unidad de las dos centrales. La comunicación que se tiene es fluida”, afirma Recalde, quien además sostuvo que llevará la propuesta al líder de la CGT.

Según Plaini, cada central sindical tiene que rendir cuentas de cómo se expresó políticamente en las legislativas de junio. “Esto no quiere decir que cerremos caminos. Nunca lo hemos cerrado. Pero ante el avance del neoliberalismo, tenemos que analizar qué responsabilidades tenemos. Asumamos la responsabilidad histórica que le cabe a cada uno. No tenemos que esperar los procesos electorales para empezar de nuevo. La historia, la memoria y la identidad tienen un eje central. En cualquier partido existen matices y diferencias, pero en esta instancia nosotros, como CGT, apoyamos este modelo. Lo expresamos acompañando en la lucha electoral, porque vimos cómo un gobierno que confrontaba con los poderes establecidos fue golpeado por las grandes corporaciones mediáticas, como no se recuerda en la historia”.

En relación con el futuro del país de cara al 2011, Plaini realiza un análisis desde lo concreto. “Hoy quiero ocuparme del día a día. Me preocupa que no haya pibes en las calles pidiendo, que no haya viejos durmiendo en la vereda de Buenos Aires, y si vamos a profundizar la inclusión social y a debatir realmente la ley de entidades financieras, y si estos sectores que dicen ser del campo popular van a sostener con el lomo la ley de servicios audiovisuales. Para el 2011 faltan dos años y medio. Es el discurso que ha instalado la derecha a través de los medios: pensar en el 2011 para no hacer nada ahora, y si es posible que este gobierno no llegue. No le hagamos el juego los compañeros que estamos en el campo nacional y popular. Pensemos en resolver los temas de hoy”.  

Supervivencia y profundización

El proyecto kirchnerista ha pasado de la transversalidad, como movimiento de centro izquierda con aceptación en la clase media, a refugiarse en el PJ para sostener la base del poder. Ahora la supervivencia del modelo gira, en principio, en torno a la sumatoria de conquistas políticas, económicas y sociales realizadas desde el 2003 en adelante. Sin embargo, la figura/existencia de una fuerza política propia, capaz de soportar el proyecto desde una estrategia a largo plazo, brilla por su ausencia. Algunas hipótesis que se destacan en torno a este tema afirman que no se quiere construir el “kirchnerismo”, ya que alcanza con acordar con los sectores que toman relevancia en cada momento. Según esta teoría, el kirchnerismo es un espacio extremadamente pequeño –que no quiere crecer- al que le basta con la política de alianzas y que de acuerdo a la etapa y disposición de fuerzas, éstas se agrupan o desagrupan en torno a él.

Quizás lo que está al alcance de la mano sea el Frente para la Victoria, aunque este espacio nunca pasó de un mero sello electoral, lo que lo contrapone a otras experiencias de países latinoamericanos como el Frente Amplio en Uruguay, donde Tabaré Vázquez contiene su política. Lo mismo para Evo Morales y el MAS, Lula Da Silva y el PT, Hugo Chávez y el PSUV, entre otros.

Al hablar del Partido Justicialista como fuerza contenedora del modelo K, lejos está este espacio político en hacer las veces de la organización con capacidad de sostener una estrategia superadora de los tiempos electorales. Al parecer, luego de la renuncia de Néstor Kirchner a su conducción, sólo sirve como plataforma de lanzamiento de futuros candidatos a la presidencia del país. Por otro lado, es cierto afirmar que la mayoría de los militantes convencidos del modelo y la necesidad de consolidar el proyecto nacional, provienen de su propio seno. De hecho, la mayor acumulación de integrantes la aporta el partido y ninguna otra fuerza política puede igualarlo. Para unos, el problema radica en que esa nueva generación no ha llegado a lugares de conducción y por ende no tiene relevancia a la hora de definir una política de alianzas clara u otros lineamientos.

Los tiempos se acortan como para pensar en rearmar una fuerza social, económica, política y cultural que canalice la estrategia. Un movimiento histórico que supere al bipartidismo y sirva de contrapoder al “PUA” (Partido Único del Ajuste), herramienta no tan imaginaria ya que, tras el triunfo de De Narváez y compañía, vuelve a instalarse como patíbulo de las clases populares, como espacio aglutinador de políticas privatistas y represivas. Como elemento político a vencer. Así, el proceso abierto, más allá de lo electoral, necesita una fuerza organizada que sirva de autodefensa de las conquistas y abra el camino para avanzar en lo que falta.

 

 

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