28/09/2021 - Edición Nº1028

Sociedad | 6 feb 2021

PANDEMIA

La desigualdad se expande al ritmo del coronavirus

La concentración de la riqueza en pocas manos viene creciendo exponencialmente durante las últimas décadas; llegando a contemplar que, para el comienzo del 2020, tan sólo 2.153 multimillonarios acumulaban una fortuna equivalente a lo que podría reunir el 60% de la población mundial. ¿Qué es lo que está generando tanta disparidad en la forma de afrontar esta crisis mundial?


Por: Esteban Pastoriza (Técnico Universitario en Comunicación Social -Licenciado en Ciencia Política)

 

La primera certeza que debemos reconocer como sociedad humana, es que el mundo ya era desigual antes de la pandemia y por lo cual no podemos cargarle esa culpa a la llegada del COVID-19. Algunos datos nos confirman que la concentración de la riqueza en pocas manos viene creciendo a niveles exponenciales durante las últimas décadas; llegando a contemplar que. para el comienzo del 2020,  tan sólo 2.153 multimillonarios lograban acumular una fortuna equivalente a lo que podría reunir el 60% de la población mundial.

Ahora bien, frente a semejante contexto pandémico enmarcado en 100 millones de contagiados y más de dos millones de fallecidos a nivel mundial, hay algo que sí podemos adjudicarle al coronavirus: su expansión se mueve en sintonía con el incremento de la brecha de la desigualdad socialque era preexistente a su llegada, pero que se ha profundizado con su avance.

El informe publicado por la organización no gubernamental, Oxfam International, antes de la reunión virtual que mantuvieron hace algunos días, líderes políticos y financieros del Foro Económico Mundial (que suelen reunirse anualmente en Davos), fue tan directo como las consecuencias dispares que promueve el virus sobre los diferentes segmentos sociales.

En ese documento, la ONG afirma que “la desigualdad se está cobrando vidas” y la pandemia del COVID-19 “tiene el potencial de aumentar la inequidades económicas en prácticamente todos los países del mundo y al mismo tiempo”.

En una escala mundial, los multimillonarios contemplaron el incremento de sus fortunas por un volumen total de 3,9 billones de dólares, durante el breve período establecido entre el 18 de marzo y el 31 de diciembre de 2020. En contraposición, los datos sostienen que el número de personas que viven en la pobreza podría haber aumentado hasta en 500 millones en el mismo lapso de tiempo.

¿Qué es lo que está generando tanta disparidad en la forma de afrontar esta crisis mundial?

De acuerdo con los resultados de la investigación sobre las “perspectivas económicas mundiales” del Banco Mundialesta sería la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y la primera vez desde 1870, en que tantas economías nacionales experimentan simultáneamente una crisis.

En consecuencia, si la irrupción del coronavirus no ha encontrado fronteras sobre todos los países del globo en los que pudo penetrar, el impacto sobre las condiciones materiales estuvo subordinado a las desigualdades solidificadas previamente. En relación con ello la directora ejecutiva de Oxfam International, Gabriela Bucher, fue contundente al afirmar que “la profunda división entre ricos y pobres está resultando tan mortal como el virus; pues hay una canalización de la riqueza hacia una élite que está sobrellevando la pandemia con lujo, mientras los que están en la primera línea luchan por pagar las facturas y llevar comida a la mesa”.

Es interesante destacar la relación que hace el informe entre los hechos históricos mundiales, sus consecuentes crisis económicas y el incremento exponencial de fortunas en pocas manos. Allí vemos que la concentración del capital a favor de los más ricos no ha dejado de aumentar, desde la puesta en marcha del proceso neoliberal a mediados de 1970; y una vez iniciado el siglo XXI “el número total de milmillonarios prácticamente se duplicó durante la década posterior a la crisis económica de 2008”.

En este sentido, Oxfam pone el foco en los diversos países del mundo que adoptaron políticas por “motivos ideológicos” y se han puesto al servicio de la “élites ricas y poderosas” generando un incremento de la  desigualdad en los ingresos y en la riqueza. “Desde hace mucho tiempo, el gasto público se ha visto socavado por sistemas tributarios que han ido reduciendo los impuestos a las personas y empresas con grandes fortunas. Basta con observar que entre 1985 y 2019el promedio del impuesto sobre los beneficios empresariales a nivel mundial se redujo del 49% al 23%”.

[Historia, ideología y distribución de la riqueza]

Este punto que toca la ONG es algo que el economista francés, Thomas Piketty, viene marcando hace algunos años. Para el autor de “El Capital en el siglo XXI”, desde el fin de la primera guerra mundial hasta la década del ´80 se había generado un cambio sustancial en la distribución del ingreso en favor de los sectores más relegados, que encontró su principal limitación en la “revolución conservadora” de Margaret Thatcher y Ronald Reagan cuando la desigualdades socioeconómicas volvieron a acrecentarse.

De esta forma, Piketty sostiene que el período de alto crecimiento económico, que pudo observarse principalmente en Europa y en Estados Unidos, coincide con la disminución de inequidades entre los diferentes sectores sociales. Sin embargo lo que destaca fundamentalmente este suceso, es que no surge como resultado de revoluciones que derrumbaran al sistema por completo, sino que se dio por una aplicación de impuestos progresivos al ingreso, a la herencia y a la propiedad para solventar procesos de crisis históricos, tal como el que estamos viviendo actualmente con la pandemia del coronavirus.

En consecuencia, las tasas marginales del impuesto al ingreso más elevadas se dieron en el país que se muestra como el principal defensor del modelo capitalista a nivel mundial, Estados Unidos: 60% en 1910; 78% en 1935 (en pleno ejercicio del New Deal como respuesta a la crisis del ´29); 92% en 1941; hasta llegar a un 35% en la actualidad.

Por otro lado, el economista francés entiende que la ideología que sustenta a la desigualdad es un conjunto de “conceptos multidimensionales” que no hace otra cosa que justificar el régimen de la propiedad y la distribución de ingreso en los diferentes modos de acumulación del capital.

Para clarificar un poco esta idea. Las desigualdades nunca son naturales, tal como algunos economistas ortodoxos o defensores acérrimos del liberalismo de mercado quieren imponer, bajo el pretexto de que ante determinada inestabilidad “el sistema vuelve sólo a su equilibrio natural”. Para el autor, la desigualdad social es producto de una construcción ideológica que va creando intencionalmente diversas categorías como “mercado, capital, deuda, ricos, pobres, competencia o meritocracia” y que todos vamos normalizando en nuestra cotidianeidad.

Imponer conceptualmente que la desigualdad es un proceso natural y objetivo, implicaría la imposibilidad de erradicarla y la aceptación obligatoria a convivir con este flagelo. Pues, para el “liberalismo contemporáneo” cualquier intento de desarrollar políticas que tiendan a una mayor justicia social (entiéndase “aporte solidario y extraordinario de la riqueza”) implicaría generar un caos permanente. De esta forma, el pensamiento es unidireccional, individualista y para pocos.

[Una ley que marca el camino]

Hace algunos días el Poder Ejecutivo argentino, reglamentó la ley de “Aporte Solidario y Extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia”, popularmente conocida como el “aporte de las grandes fortunas”. La progresividad de esta normativa expone que sólo 0,02% de la población cuenta con la capacidad de afrontarla, pues su contribución está netamente relacionada con el nivel de riqueza que concentra este sector minoritario de la sociedad.

Lo relevante de esta medida, es que ha sido manifestada por Oxfam International, como el ejemplo a seguir en el mundo. “Argentina ha abierto el camino con la adopción de un impuesto solidario a las grandes fortunas, de carácter temporal y que grava la riqueza extrema, al recaudar más de 3.000 millones de dólares que permitirían financiar las medidas para luchar contra el coronavirus, por ejemplo invirtiéndolo en suministros médicos y ayudas para las personas en situación de pobreza y las pequeñas empresas”.

Sin embargo, el principal obstáculo que presenta esta propuesta excepcional en nuestro país, es que quienes tienen la obligación de cumplir con lo establecido en ella, ya han manifestado no acatarla y judicializar la decisión política. El Foro de Convergencia Empresarial, que aglutina a las 80 entidades más importantes del poder económico, lo ha calificado de “confiscatorio” y puso en funcionamiento a los principales estudios de abogados para intentar eludir esta ley o ponerle un freno vía judicial.

En definitiva, hemos observado que la concentración de la riqueza posee una motivación ideológica que fue asentándose en diferentes etapas de la historia; dando lugar a que un pequeño sector de la población mundial acumule fortunas inmensas en desmedro de un sector mayoritario que no encuentra lugar posible dentro de la estructura de este sistema.

Con la expansión del coronavirus también se amplían las desigualdades sociales, y aquella normalidad impuesta como un proceso de inestabilidad natural, desestima intencionalmente las medidas extraordinarias que puedan reducir esta brecha. Si bien la pandemia del COVID-19 no ha encontrado en ninguna parte del mundo limitaciones para su irrupción, lamentablemente el camino de la recuperación será mucho más largo para quienes ya asumían inequidades preexistentes.

 

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