26/05/2022 - Edición Nº1268

Internacional | 10 ene 2022

ANÁLISIS

América Latina en disputa: del neoliberalismo al progresismo

El modelo neoliberal impulsado por los gobiernos de derecha fue perdiendo terreno en la región. En las calles y en las urnas, se defendió la voluntad popular. Con el giro hacia la izquierda de nuestros países durante el año 2021, despertó la esperanza de una Latinoamérica más justa para los pueblos.  


Por: Lilibet Enriquez y Héctor Bernardo

 

El 2021 terminó con más de una sorpresa electoral en Latinoamérica y con movilizaciones populares en varios países de la región, en contra del modelo neoliberal que pretenden sostener los gobiernos de derecha para mantener el poder y la riqueza en pocas manos, sumiendo a sus pueblos en la pobreza, el hambre y la miseria. Las naciones que los grandes medios de comunicación nos mostraban como modelos de desarrollo y estabilidad, estallaron. Y esos pueblos pusieron en el gobierno a partidos de izquierda y progresistas, que retoman el sueño de la unidad regional y la justicia social.

[La resistencia]

El pueblo de Bolivia ha tenido que reafirmar en las calles su apoyo al gobierno del presidente Luis Arce. La derecha continúa queriendo desestabilizar al país, a pesar del contundente triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones generales de 2020,  que significó el regreso a la democracia en ese país luego del Golpe de Estado de 2019, que depuso a Evo Morales y dejó miles de heridos y muertos en las protestas sociales y como resultado de la cacería a los militantes, familiares y funcionarios del gobierno de Evo.

En respuesta a las amenazas golpistas de la oposición, sectores populares entre mujeres, campesinos, trabajadores y jóvenes, liderados por organizaciones sociales de los nueve departamentos de Bolivia, recorrieron cerca de 200 kilómetros en la llamada “Marcha por la Patria”, para pedir respeto al voto del pueblo boliviano y justicia para las víctimas de las masacres en Sacaba y Senkata, cometidas por el gobierno de facto de Jeanine Áñez.

En Nicaragua se consolidó el gobierno de la Alianza Frente Sandinista (FSLN), encabezada por el presidente Daniel Ortega y con Rosario Murillo, quienes continuarán en funciones por cuarto período consecutivo, hasta el año 2027. El binomio obtuvo el 75.92% de los votos, en unos sufragios donde participó el 65.23 % del padrón electoral, demostrando que la mayor parte del pueblo nicaragüense continúa confiando en el mandatario, luego de todos estos años de gobierno y de los múltiples intentos desestabilizadores en su contra.

Así mismo sucedieron las llamadas megaelecciones regionales y municipales de Venezuela, el proceso electoral número 28 desde que el chavismo llegó al poder. Más de 8 millones de venezolanos acudieron a las urnas y participaron casi todas las fuerzas políticas del país, incluyendo gran parte de la oposición.

El pueblo venezolano le dio la victoria a la alianza del Gran Polo Patriótico (GPP), conformada por organizaciones políticas que apoyan al gobierno de Nicolás Maduro, como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), demostrando una vez más el apoyo popular al gobierno democráticamente electo y la voluntad para consolidad la unidad y la paz y para ratificar el rechazo a cualquier intento de injerencia externa y a las manifestaciones de odio y violencia.

[La derecha muestras sus garras]

Mientras el gobierno colombiano de Iván Duque se mantuvo atacando al presidente Maduro, alineado con las políticas injerencistas de Estados Unidos, Colombia se volcaba a las calles. Lo que inició como un paro en contra de la reforma fiscal que presentaba Duque (Ley de Solidaridad Sostenible), terminó siendo una protesta nacional contra las medidas neoliberales de su gobierno, por el aumento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad.

Aunque unos días después de iniciar el paro Duque anunció que retiraba la Reforma para formular un nuevo texto, el pueblo colombiano siguió en las calles y fue brutalmente reprimido por parte de las fuerzas de seguridad. En las principales ciudades colombianas se denunciaron violaciones a los Derechos Humanos, represión, asesinatos, detenciones arbitrarias y desaparición de miles personas por parte del gobierno de Duque.

Además, la violencia sigue siendo algo cotidiano: las masacres en zonas rurales y asesinatos de líderes y lideresas sociales y defensores de Derechos Humanos se incrementaron durante el actual gobierno colombiano, además de los asesinatos a excombatientes de la guerrilla de las FARC-EP y firmantes del Acuerdo de Paz, por parte de fuerzas paramilitares, que aterrorizan al pueblo colombiano y han desplazados a miles de ciudadanos de sus territorios.

Algunos países no lograron consolidar un triunfo en las urnas, como pasó con la derrota de Andrés Arauz en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador, frente al banquero neoliberal Guillermo Lazo. Pero el candidato del correísmo si logró movilizar a una gran cantidad de votantes, demostrando que la izquierda sigue viva en ese país y también volviendo mostrar el poder de los grandes conglomerados mediáticos globales y la necesidad de lograr la unidad, de sostener las redes de solidaridad y de contar con medios que cuenten la realidad de nuestros pueblos.

En medio de la pandemia que nos sigue asolando, hemos sido testigos de cómo gobiernos neoliberales (como Brasil, con Jair Bolsonaro) han minimizado la situación sanitaria y la muerte de miles de personas, se han negado a tomar medidas para controlar la pandemia y contener a su población, han rechazado ayuda solidaria e incluso se han negado a vacunarse y a distribuir vacunas para salvar las vidas de sus ciudadanos.

Los sectores más humildes del pueblo brasileño quedaron desamparados luego de consolidarse el golpe parlamentario contra la expresidenta Dilma Rousseff y de encarcelar injustamente al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, manipulando la justicia para sacar del medio a un gobierno democrático y evitar que volviera a ganar las elecciones el Partido de los Trabajadores (PT). Ahora, finalmente Sergio Moro dijo públicamente que Lava Jato fue un proceso, efectivo, para debilitar al PT.

En declaraciones recientes a un medio local, el precandidato a la presidencia de Brasil, juez del Lava Jato y exministro de Justicia de Bolsonaro, confesó que fue un operativo para combatir al PT, y no a la corrupción en sí. A pesar del lawfare, Lula volverá a ser candidato y, según las encuestas, si las elecciones fueran hoy, ganaría.

[Los nuevos gobiernos progresistas]

También el pueblo peruano salió a las calles a defender la voluntad popular expresada en las urnas. Debieron pasar más de 40 días desde el triunfo de Pedro Castillo en la segunda vuelta electoral para que fuera proclamado presidente de Perú, solo una semana antes de asumir el cargo.  Su contrincante, Keiko Fujimori, trató de impedir la proclamación del candidato de Perú Libre por todas las vías: denunció fraude, impugnó actas y se negó a reconocer su derrota.

En el año del Bicentenario de la Independencia del Perú, un maestro, dirigente social y sindicalista de la izquierda peruana, que no pertenece a ninguna de las elites económicas ni políticas que han saqueado a ese país a lo largo de los años, asumió como mandatario y prometió “gobernar con el pueblo y para el pueblo”. 

Después de 12 años del golpe de Estado al exmandatario Manuel Zelaya, que terminó con el destierro de su familia y sumió a Honduras en la miseria, la corrupción y la persecución política, el pueblo hondureño volvió a poner a la izquierda en el gobierno del país, con la contundente victoria de Xiomara Castro y el Partido Libertad y Refundación (Libre), que obtuvo el 53,6 %, frente al 33,8% del candidato oficialista del Partido Nacional, Nasry Asfura.

El 68% del padrón electoral participó en las elecciones que convirtieron a Castro en la mandataria más votada de la historia de esa nación. Al conocerse los resultados, aseguró que formaría un gobierno de “reconciliación”, de “paz y de justicia” y que entregaran “alma, vida y corazón para poder garantizar una Patria diferente, una Patria justa, equitativa, una Honduras libre e independiente con la capacidad de poder darle respuesta a tantas necesidades”.

Chile, el ejemplo que exhibía el neoliberalismo como modelo, se derrumbó. El despertar del pueblo chileno, las manifestaciones que exigían la renuncia de Sebastián Piñera y que el mandatario reprimió, dejando tantos muertos y heridos, no solo tuvieron fruto en la conformación de una Convención Constitucional que desterrará la Constitución pinochetista vigente hasta ahora, también llevaron al gobierno a un partido de izquierda, encabezado por Gabriel Boric.

El pueblo chileno eligió un cambio de rumbo para su país y puso en la presidencia, con más del 55% de los votos en la segunda vuelta, al presidente electo más joven de la historia de ese país, expresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y uno de los líderes de las protestas estudiantiles de 2011, durante el primer gobierno de Piñera, en demanda de una educación pública de calidad y el avance a la gratuidad.

El eslogan que coreaba la juventud chilena movilizada en las calles durante meses, puede hacerse realidad: “En Chile nació, y en Chile será derrotado el neoliberalismo para América Latina”.

Los pueblos latinoamericanos no creen más en las promesas del neoliberalismo, que sigue perdiendo terreno en la región: Argentina, México, Bolivia, Perú, Honduras y Chile se suman al camino que emprendieron Cuba, Venezuela y Nicaragua. Que el 2022 nos devuelva a Brasil, con Lula, y nos traiga a Colombia, con Gustavo Petro, en esta lucha en  las urnas de los pueblos contra el neoliberalismo.

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