26/05/2022 - Edición Nº1268

Internacional | 26 mar 2022

ENTREVISTA

Calderón: “El poder en Colombia ha usado la violencia para impedir que se construyan liderazgos transformadores”

Para analizar la situación en Colombia, de cara a las elecciones presidenciales de mayo, Revista 2016 dialogó con Javier Calderón, el analista político e investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe. “Gustavo Petro representa un nuevo liderazgo que sintetiza las luchas por la paz, por las transformaciones, por el reconocimiento de la diversidad social, de los grupos subalternos, del campesinado, de los grupos indígenas, afrodescendientes, de las mujeres, los estudiantes, los desempleados”.


Por: Lilibet Enriquez y Héctor Bernardo

 

La izquierda colombiana logró un resultado histórico con el triunfo en las elecciones legislativas del 13 de marzo último y, hasta el momento, tiene 16 bancas en el Senado y 25 en la Cámara de Representantes. Con estos resultados, la coalición Pacto Histórico (PH) se posicionó más cerca de la victoria en los comicios presidenciales del 29 de mayo próximo.

Gustavo Petro, el candidato a presidente por la coalición, lidera las encuestas con un 37% de intención de voto, frente al 19% del candidato de derecha Federico Gutiérrez, de Equipo por Colombia, aliado al uribismo, según los resultados del último sondeo la empresa YanHass.

El movimiento progresista colombiano está cerca de llegar al gobierno y romper con 40 años del modelo neoliberal que llevó a la miseria y el hambre a millones de personas y garantizó los privilegios de un reducido grupo que pretende perpetuarse en el poder a través de la violencia, la muerte y la guerra. Para comprender qué implica este escenario político y social, Revista 2016 dialogó con el doctor en Ciencias Sociales Javier Calderón, analista político e investigador colombiano del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC).

-¿Qué lectura hace del resultado electoral del domingo 13 de marzo?

-Tiene muchos significados para la política colombiana y Latinoamericana. En primer lugar, es un triunfo histórico muy particular del progresismo y la izquierda colombiana que lograron, por primera vez, ser primera fuerza, así sea minoritaria, pero primera minoría en el Congreso de la República. Es el acumulado de décadas de trabajo de las organizaciones populares, de la resistencia de las organizaciones de izquierda, de los movimientos sociales y del agotamiento de un modelo neoliberal que ha sido violento, que ha empobrecido a una mayoría social que hoy no encuentra futuro y que logró conectarse con las propuestas del progresismo y de la izquierda. Han tenido la suerte, digamos, de encontrar el auge de un movimiento social con el auge de un proyecto político. Hay una sincronía de esos dos procesos que hacen virtuoso el momento y que han permitido que se llegue a estos resultados.

Pero estos resultados no son definitivos, en el sentido de que es necesario pasar una dura prueba más importante que son las elecciones presidenciales. El sistema político colombiano es presidencialista y eso significa que es la instancia donde realmente se pueden definir las políticas y las transformaciones sociales, por supuesto de la mano de un nuevo Congreso que pueda desarrollar algunos cambios.

El próximo presidente tendrá un parlamento con cerca de diez bancadas, con las cuales tendrá que construir negociaciones. Ya no habrá una mayoría aplastante la derecha y sí un número significativo de representantes de los sectores populares, de izquierda y progresistas, para construir una agenda de leyes y de reformas, que empiecen a sentar las bases para la apertura, la democratización social y la restitución de derechos que han sido negados en los últimos 40 años de neoliberalismo.

-¿Qué perspectivas se generan hacia las elecciones presidenciales de mayo?

-Las elecciones presidenciales de mayo me resultan centrales, porque el país tampoco ha tenido en su historia presidentes que provengan del movimiento popular, de la izquierda, de los sectores democráticos y progresistas. Ha sido una historia de un presidencialismo bipartidista, ligado fuertemente a una oligarquía, primero, y después a una fuerte burocracia que vive y se enriquece con el Estado. Y eso se ha hecho tan fuerte, esas fuerzas se han apoderado del Estado de tal manera, que han impedido que otras fuerzas políticas, otros sectores sociales, que las mayorías sociales populares lleguen al gobierno.

Estos sectores populares han intentado llegar al gobierno en varias ocasiones: en 1946 con Jorge Elieser Gaitán, no lo logró y en el ’48 fue asesinado; en 1986 con el dirigente de la Unión Patriótica, Jaime Pardo leal, que no lo logró y al año siguiente fue asesinado. Ha sido una imposibilidad para los sectores populares, no solo porque no hayan tenido un programa conectado con la sociedad y con las mayorías sociales, sino porque el neoliberalismo y los sectores de poder en Colombia han usado la violencia para impedir que se construyan liderazgos transformadores.  

Esta es una gran oportunidad. Gustavo Petro representa un nuevo liderazgo, que sintetiza las luchas por la paz, por las transformaciones, por el reconocimiento de la diversidad social, de los grupos subalternos, del campesinado, de los grupos indígenas, afrodescendientes, de las mujeres, los estudiantes, los desempleados. La candidata vicepresidencial, Franca Márquez, dice que “somos la campaña de los nadies” (como decía Eduardo Galeano), de todas estas personas que durante décadas no han estado representadas en el gobierno y han sufrido principalmente las medidas neoliberales: les han recortado derechos laborales, han privatizado la salud, la educación, los servicios públicos.

Esto es lo que se juega en el mes de mayo y eso significa que no va a ser sencillo llegar a la presidencia. Se necesita una campaña épica, que duplique los votos obtenidos por la coalición Pacto Histórico el pasado 13 de marzo, que convoque a distintos sectores sociales, ya no solo a los sectores identificados con la izquierda y el progresismo, sino con sectores sociales que están inconformes y necesitan transformar el país. Ese es el gran desafío.

-¿Qué se puede esperar de los próximos meses de contexto electoral?

-La derecha, por supuesto, va a tratar de impedirlo. Todos los sectores se vienen agrupando en la candidatura de Federico Gutiérrez, que es un personaje desconocido, como en su momento fue desconocido Iván Duque. Pretenden ser una suerte de bisagras o componedores de la crisis de liderazgo que tiene la derecha, especialmente de la figura de Álvaro Uribe. Esa confrontación va a ser muy fuerte. Hay cinco candidatos y candidatas y, por supuesto, el Pacto Histórico tiene la primera opción de llegar, pero se va a enfrentar muy fuertemente con los poderes económicos, mediáticos, con el Estado, que está capturado por esta burocracia tan fuerte y con la presidencia que viene bajando cuantiosos recursos del Estado para financiar la campaña de la derecha.

Entonces va a ser una campaña titánica, que va a requerir de todo el esfuerzo de la militancia social, que tiene que impedir que el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional del Estado Civil, que son los órganos  electorales, jueguen un roll desequilibrante. Lo vivimos el pasado 13 de marzo: en el preconteo se habían perdido 400 mil votos para la lista del Senado del Pacto Histórico, algo realmente inaudito, que por la militancia y el trabajo de miles de voluntarios y voluntarias fue posible detectarlo, porque estaban cuidando los votos en las mesas y en las urnas.

Ese es el escenario. Es posible que Petro gane en la primera vuelta. Ese va a ser su objetivo, convocando a una gran movilización social electoral para lograrlo. La derecha va a intentar ir a un balotaje con la esperanza de reunir a todas las fuerzas en esa segunda vuelta para derrotarlo. Petro  es la centralidad de la campaña y esperemos que sepa aprovechar este momento y que la sociedad comprenda que tiene en sus manos la posibilidad del cambio.

- ¿Qué rol jugarán los medios de comunicación, la violencia y la movilización popular en este contexto electoral?

Los medios de comunicación van a ser fundamentales para la estrategia de la derecha. Han sido un componente fundamental de todos estos años de neoliberalismo. Están conectados fuertemente con la banca, con el sistema financiero y con algunas familias y empresas tradicionales del país que han tenido el gobierno. Hay una suerte de puerta giratoria entre el gobierno y los medios de comunicación, que viven de la pauta del Estado y sienten temor a que cualquier persona que no sea de sus grupos de poder llegue al gobierno, porque piensan y sienten que van a perder privilegios. Así como ocurre en toda América Latina.

Además, son propiedad de empresarios extranjeros y juegan un papel contrario. Lo hicieron en el plebiscito por la paz en el 2016, en la campaña pasada a la presidencia y ahora, infundiendo temores, falsas noticias, visibilizando en muchos programas a los candidatos de la derecha y sobre todo generando un sentimiento de temor. Toda esta suerte de matrices mediáticas quieren instalar el miedo en la sociedad para impedir el cambio.

La diferencia con los períodos anteriores es que las redes sociales se convirtieron en una trinchera muy fuerte de los movimientos populares que han sabido utilizarse, primero, para cambiar las matrices informativas, desmentir fake news, y para que los candidatos del progresismo, y el propio Petro, puedan comunicarse directamente con la ciudadanía. Ahí ha jugado un papel fundamental la juventud, empoderada de estas herramientas de las redes sociales. Se han convertido en militantes fabulosos y le han hecho contrapeso a los grandes medios de comunicación. Por supuesto, en una pelea desigual. Los grandes medios con millones de pesos, mientras que la ciudadanía con su voluntad y su teléfono.

-¿Esto ha tenido un efecto positivo?

-Por ahora, ha sido efectiva esa militancia comunicacional y se ha podido conquistar lo que pasó el 13 de marzo y lo que pasó en el 2018, porque aunque Petro no haya ganado tuvo una votación importante. Además, el movimiento popular en Colombia ha sostenido una resistencia muy grande al neoliberalismo, a la violencia, a la guerra, a la estigmatización. Solo este año han asesinado a cerca de 65 líderes y lideresas sociales, a excombatientes que firmaron el Acuerdo de Paz, todo eso para generar un clima político adverso al cambio, de caos y de inocular miedo, para vender seguridad. Esa ha sido la estrategia de la derecha durante décadas.

Esta vez parece que no es suficiente. La gente sabe que esto viene ocurriendo y que hay otros problemas que la alternativa política puede resolver. Hay problemas acuciantes en materia económica, ambiental y de hambre, un problema gravísimo que nos ha dejado este cuatrienio del uribismo. Creo que Petro y el Pacto Histórico están bastante conectados con ese sentimiento social y parece que esa va a ser la posibilidad del triunfo.

-¿Qué representará para Colombia un triunfo de la izquierda?

- Representará para Colombia un momento de quiebre. Existe una transición política que se inició a comienzos de la década pasada con grandes movilizaciones sociales, reagrupación de las fuerzas, un debate fuerte y serio alrededor de construir y llegar a la paz, no como la doblegación de las fuerzas insurgentes, sino como la posibilidad de transformar la estrategia política de los sectores populares y  llegar al gobierno.

De una resistencia tan larga, se está pasando a la posibilidad de tener gobierno y se ha entendido que sin el gobierno las transformaciones urgentes e inmediatas que  tiene la población no van a ser posibles. Una parte de la sociedad ha apoyado y acompañado la resistencia, pero también exige un período de tranquilidad, un nuevo momento donde la niñez y la juventud pueda crecer sin el temor a ser asesinado, a ser parte de la guerra. Y esa discusión generó un gran movimiento, que logró posicionar a la paz como el eje articulador de la política. Durante cerca de cinco décadas la guerra siempre estuvo en el centro y la derecha se acomodó  a la narrativa y a todas las formas de guerra no convencional y la convirtió en un elemento funcional para la reproducción de su poder.  

Eso lo entendió el movimiento popular, se masificó y, entre los años 2013 y 2015, vimos una movilización social enorme y muchas discusiones en torno al tema de la paz y empezó a darse esta inflexión que se está representando en las elecciones. El Acuerdo de Paz de La Habana selló esa modificación, aunque ha sido fuertemente incumplido por el gobierno colombiano. Ha sido realmente una afrenta a la palabra de un Estado, que se comprometió a desarrollar una serie de reformas y transformaciones que necesita el país a cambio de empezar un período de paz. Ese incumplimiento ha sido desastroso, pero también ha generado indignación. Parte de la indignación de la sociedad colombiana es esa, que después de tantos años y de haber discutido tanto la posibilidad de construir la paz, un gobierno de turno tome la vocería de la sociedad y no implemente como corresponde los pactos que desarrolla el Estado y las instituciones.

Entonces, ese proceso de transición tan largo y doloroso que ha vivido Colombia tendrá un salto adelante en el capítulo electoral, una transición de un Estado con una democracia restringida, con una especie de plutocracia en el sistema político, hacia una sociedad abierta, democrática y que permita continuar las luchas y las demandas. Por supuesto, en el proceso electoral no se llega a puerto, sino que es comienzo de otro momento, de otra etapa del movimiento social y popular.

Es posible que no se gane y el movimiento popular debe continuar en esa senda, porque hay una fuerza social dispuesta y unas necesidades que no dan espera. Y tampoco la derecha tiene un repertorio programático que dé respuestas a esas demandas, todo lo contrario, su arsenal de políticas es, como dice Álvaro García Linera, un neoliberalismo tardío, que lo que hace es perpetuar las mismas medidas. En el caso colombiano, la coacción como principal arma para aplastar la inconformidad social y seguir implementando políticas completamente regresivas para los derechos ciudadanos.

-De ganar las elecciones presidenciales, ¿cuáles serán los principales desafíos del gobierno de Petro?

-Los desafíos que tiene son mayúsculos, no solamente él, sino el campo popular y democrático. Primero, tiene que avanzar con las reformas urgentes que está necesitando y demandando la sociedad desde hace mucho tiempo, en materia de educación, salud, pensiones, corrupción, reconfigurar la matriz productiva del país y terminar la guerra. Es decir, cumplir el Acuerdo de Paz y avanzar con el diálogo nacional, que permita un gran acuerdo de paz con los sectores guerrilleros que aún siguen activos, sometimiento a la justicia de las bandas paramilitares y la reorganización de la institucionalidad en torno a la seguridad y la violencia del Estado.

Son desafíos enormes. Diciéndolo con prudencia, creo que algunos de estos podrán desarrollarse parcialmente, porque el Congreso no quedó mayoritario de las fuerzas populares, el aparato judicial va a traccionar algunos cambios y los medios de comunicación van a hacer una oposición poderosa en contra de un eventual gobierno de Petro. Cada paso va a ser difícil de concretar y va a requerir de la movilización social. Las experiencias de gobiernos progresistas en América Latina indican que para poder avanzar en esos cambios, se requiere audacia, se requiere del acompañamiento de la población, de instrumentos populares, de consensos sociales, de salir a hablar en los territorios.

El otro gran desafío, al margen de las tensiones de fuerza y de las contradicciones que va a suponer gobernar, es hacerlo bien. Independientemente de los logros, hacer un gobierno transparente, que se distinga contra la corrupción, contra los malos manejos, con una renovación de las élites políticas, con una nueva generación de personas que puedan entrar al Estado, hacer su gestión y proponer nuevas políticas públicas, y mantener activo el movimiento social en la resistencia y en las luchas que siempre ha dado. Ahora, acompañado del Estado, pero mantenerlo y no permitir que se diluya en una estrategia meramente electoral.

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