14/08/2022 - Edición Nº1348

Internacional | 1 abr 2022

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Alberto Fernández: “Lula es ese líder regional que América Latina necesita”

En el marco del encuentro del Grupo de Puebla, referentes del progresismo se expresaron a favor de la candidatura del ex presidente brasilero. ¿Cuáles son las razones que posicionan a Lula como el gran favorito para volver a conducir los destinos del gigante suramericano?


Por: Héctor Bernardo y Lilibet Enriquez

 

“Brasil vive un momento singular, en pocos meses va a votar. Toda la infamia que tendieron sobre Lula ha quedado disipada, toda la mentira quedó al descubierto y, si a Lula le va bien, América Latina tiene una oportunidad, porque Lula es ese líder regional que América Latina necesita”, aseguró el presidente argentino Alberto Fernández en  un mensaje grabado que se proyectó para la clausura del encuentro internacional del Grupo de Puebla realizado en la Universidad Estadual de Río de Janeiro (Uerj).

En el marco del mismo encuentro el expresidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, sostuvo que “los demócratas, los progresistas del mundo esperan tu victoria en Brasil”. Y en la misma línea, se expresó el ex mandatario colombiano Ernesto Sámper al asegurar que “en Colombia lo extrañamos, queremos a Lula de presidente nuevamente”.

La posibilidad, cada día más firme, de que en las elecciones de octubre de este año el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sea elegido nuevamente para dirigir los destinos del gigante suramericano ilusiona a los brasileños y a todo el campo progresista mundial.

Las encuestas muestran que Lula es el gran favorito con un 44% de intención de votos frente a 28% del actual mandatario, el ultraderechista Jair Bolsonaro.

El gran apoyo que posee Lula, a pesar de toda la arremetida mediática en su contra, tiene una clara explicación: con Lula los brasileños vivían mejor. Al terminar su  segundo mandato (2007-2011), Lula tenía más del 80% de imagen positiva, ello debido a que creó el plan Bolsa Familia (similar a la Asignación Universal por Hijo, de Argentina) e hizo que llegara a más de 52 millones de brasileños. Además, más de 40 millones de brasileños salieron de la pobreza y se crearon 15 millones de empleos.

Durante su gobierno el crecimiento de Brasil lo transformó en la sexta economía mundial y se convirtió en uno de los principales impulsores de la unidad regional. Brasil se integró al mundo de una manera relevante se sumó a los BRICS (Brasil, Rusia, China y Suráfrica), junto al presidente argentino Néstor Kirchner y al mandatario venezolano Hugo Chávez, impulsó el no al Alca (Alianza de libre Comercio que el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quería imponer en la región), se sumó a la creación de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)  y de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) y fue parte de la reformulación del Mercosur (Mercado Común del Sur).

 “El mejor ejemplo de gobierno no se saca de un libro, se saca de la madre. Ella siempre va cuidar al más debilitado. Si tiene que dar un pedacito de carne más, se lo va a dar al más debilitado. Si tiene que dar una mamadera más, ella se lo va a dar al que está más debilitado. Ella adora a todos, ella ama a todos, pero aquel más debilitado, no es el más bonito, no es el más inteligente, es el más necesitado. Ese es el espíritu de una madre. Yo confieso que gobierno el país con espíritu de madre. O sea, nosotros tenemos que cuidar a las personas más pobres. El rico no precisa del Estado”, remarcó Lula durante la entrevista que le hizo Daniel Filmus para el ciclo Presidentes de Latinoamérica.

Sus gobiernos dieron inicio al ciclo político del PT, que luego continuaría de la mando de Dilma Rousseff hasta que un golpe parlamentario en 2016.

Tras el golpe contra Rousseff, la derecha enfocó su estrategia en evitar que el líder histórico del PT pudiera volver al gobierno. Una vez más, Lula debió enfrentar un destino injusto. En esta ocasión, el ataque fue articulado por el entonces juez federal Sergio Moro, el fiscal Deltan Dallagnol y los medios hegemónicos de comunicación (encabezados por la Rede Globo). Todos ellos articulados por la nueva estrategia que el Departamento de Estado de Estados Unidos había impulsado en la regio conocida como Lawfare (persecución política a través de los medios y el Poder Judicial).

En abril de 2018, Dallagnol, el fiscal que admitió no tener pruebas, pero si “la convicción” de que Lula había cometido un delito, y Moro, el juez que debía ser imparcial y se encargó de dirigir la investigación del fiscal, fueron los encargados de acusar y condenar al líder del PT por “hechos indeterminados”.

Tras el fallo condenatorio Lula señaló: “Pienso que tanto Moro, la [Operación] Lava Jato y la Red Globo, tienen un sueño. El sueño es que, en primer lugar, el golpe, no terminó con la [destitución de] Dilma. El golpe solo va a concluir cuando ellos consigan que Lula no pueda ser candidato a la presidencia de la República en 2018”.

“No quieren a Lula de nuevo en la presidencia porque para ellos los pobres no pueden tener derechos. El pobre no puede comer carne de primera, no puede viajar en avión. No puede ir a la universidad. El pobre nació, según la lógica de ellos, para comer y tener cosas de segunda categoría”, señaló.

Lula fue contundente al  aceptar la condena, dijo: "Ellos decretaron mi prisión. Y cuento a ustedes una cosa: voy a acatar la orden (…). Ellos creyeron que van a detenerme. No voy a parar, porque no soy solo un ser humano, soy una idea”.

En marzo de este año (2021), el juez Edson Fachin, miembro del Supremo Tribunal Federal de Brasil, anuló todas las causas enmarcadas en el caso Lava Jato contra Lula al determinar que Sergio Moro no era “el juez natural” para esas causas. Y la Corte Suprema determinó que Moro actuó con parcialidad contra Lula.

Esa decisión permitió que el exmandatario recupere todos sus derechos políticos.

Los grandes logros en política económica, social y cultural que el país vivió a principios del siglo XXI, con los Gobiernos del Partido de los Trabajadores (encabezados por Lula Da Silva y Dilma Rousseff) han sido arrasados por la combinación durante los gobiernos del golpista Michel Temer y del ultraderechista Jair Bolsonaro (a lo que se sumó como ingrediente fatal la pandemia).

El negacionismo del mandatario brasilero sobre la peligrosidad de la pandemia dejó como consecuencia directa más de 29 de millones de personas contagiadas y 654 mil fallecidas a causa de la COVID (datos hasta el 11 de marzo 2022).

Las políticas bolsonaristas también ocasionaron que el desempleo en el gigante suramericano alcance el 11,6 %, lo que en números concretos representa a 12,4 millones de personas. A ello se suma que el 40 % de las personas que tienen trabajo se encuentran en la informalidad, es decir, 38,6 millones de brasileñas y brasileños.

En la actualidad, la inflación en Brasil se ubica por arriba del 10 %, la más alta desde 2015.

A los datos del desempleo y la inflación se suma, como un terrible coctel social, que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un organismo que durante el Gobierno de Dilma Rousseff había declarado a Brasil como un país libre de hambre, indica que en la actualidad sufre de inseguridad alimentaria el 23,5 % de los brasileros, es decir, 57 millones de personas (una de cada cuatro).

Más allá de sus deseos personales, Lula es consciente del rol que le toca jugar en este momento histórico. Él (y no otro) es quien representa todas y cada una las demandas y las ilusiones de la mayoría de los de los brasileños y brasileñas. Y es quien puede unir a todos los sectores antineoliberales. 

Lula comprendió que, "para volver a poner en práctica estas posiciones, la derrota del bolsonarismo es una condición, para lo cual es fundamental contar con un amplio marco de alianzas políticas, tanto para ganar las elecciones como para poder gobernar”, recordaba recientemente el sociólogo Emir Sader en un artículo publicado en diario Página/12, titulado “Lula y ser de izquierda en Brasil”.

Lula es la esperanza de Brasil y de gran parte de América Latina. En octubre, esa esperanza se transformará en millones de votos que devolverán al gigante suramericano al camino que nunca debió abandonar.

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