26/05/2022 - Edición Nº1268

Política Nacional | 15 abr 2022

OPINIÓN

El Frente de Todos contra todos

Las reuniones en el Consejo Federal de Inversiones en las que los gobernadores intentan re-editar la liga de gobernadores son otro síntoma de la crisis profunda del frente político. De seguir así, el 2023, encontrará un peronismo federalizado y atomizado, sin poder articular una estrategia nacional electoralmente competitiva.


Por: Nicolás Mujico - Politologo UBA- Maestrando en Defensa Nacional UNDEF
 

La pandemia dilató las discusiones internas. Retardó y diluyó en el tiempo la incomodidad de unos, la falta de oportunidades de otros. Agrandó la inactividad y la pereza. Lo que unos daban por sentado, otros lo daban por superado. Todos parecían creer saber quien era el dueño o la dueña del Frente de Todos. La derrota en las PASO fue el aviso de que era hora de discutir el funcionamiento de la coalición política o simplemente ajustarse los cinturones y esperar la colisión. Actualmente estamos frente a una interna en donde, probablemente, el que prevalezca, solo gane el derecho a perder luego.

Los días de marzo arrancaron con ausencias y escándalo en el parlamento, con brutales pedradas al despacho de la vicepresidenta y con una fenomenal demostración de fuerzas por parte de La Cámpora el 24 de marzo. En paralelo, se fortaleció la posición de Máximo Kirchner en el PJ y en el trabajo gremial desplazando a Antonio Caló en la UOM. Todo eso, mientras se aprobaba el acuerdo con el fondo y se aceleraba la inflación. Sin embargo, es posible que la búsqueda de refugio en el partido, en los sindicatos, en sus alianzas territoriales, no sean más que formas agudas y sutiles de sostener una posición declinante y no tanto de avanzar como podría suponerse.  Desde el retorno a la democracia a esta parte, en la calle, se resiste, se lucha se opone, se pide y, a veces, se logra torcer una decisión política. En la calle, en los sindicatos y en el territorio, no se ejerce el poder. Quizá por esta razón, La Cámpora sostenga a sus funcionarios en un gobierno con el cual les queda pocos puntos de acuerdo.

Por otro lado, se acerca día a día el temible 2023. Las continuas derrotas electorales que el peronismo bonaerense viene sufriendo en los últimos 12 años no deberían dejar lugar al optimismo. El desgaste de la figura de Cristina puntualmente debería ser tenido en cuenta. Es probable que ya no represente un tercio del electorado nacional como hasta el 2019. Des ser así, las posibilidades de volver a ser la gran electora nacional disminuyen. Los muchos, continuos y ya casi cotidianos errores políticos, las actitudes a veces carriotescas, no dejan demasiado lugar a dudas. El peronismo, tiene pocas posibilidades de vencer en 2023. El Kirchnerismo, ninguna.

Las reuniones en el Consejo Federal de Inversiones en las que los gobernadores intentan re-editar la liga de gobernadores son otro síntoma de la crisis profunda del frente político. De seguir así, el 2023, encontrará un peronismo federalizado y atomizado, sin poder articular una estrategia nacional electoralmente competitiva.

Con respecto a la provincia de Buenos Aires, teniendo en cuenta la importancia y el peso de la provincia para el gobierno y para una posible victoria en 2023, sea quien sea el candidato, cabe preguntarse: ¿son representativos Máximo Kirchner y Axel Kicillof del peronismo y de los bonaerenses? La presencia en el gabinete nacional de hombres de la provincia no alineados con la conducción peronista bonaerense, indican que hay una línea a explorar. Es verdad, ninguna de las figuras políticas no kirchneristas del gabinete logra superar la proyección municipal -o a lo sumo seccional- y con eso no alcanza. A esta altura de la disputa interna, se extraña la presencia en el gabinete de Felipe Solá y la lejanía del ex gobernador Daniel Scioli. Su sola presencia podría generar una referencia para la militancia peronista disconforme que, aunque minoritaria, podría ser significativa y podría redundar en un fortalecimiento tanto para el gobierno nacional como para las chances de victoria en la provincia. Articular una opción en la provincia de Buenos Aires es justo y necesario y, a su vez, sería maniobrar sobre las alas, evitando el choque frontal que tantas bajas causan.

Sin embargo, el partido se juega en el gabinete nacional y, en la medida que eso siga así, el presidente estará siempre a la defensiva. Vemos, ante cada ataque, a los sectores y funcionarios afines al gobierno dividirse entre quienes quieren ir de frente yendo por “las cajas” y los cargos y quienes prefieren desdramatizar y jugar a que es natural transformar la opinión en disidencia y la disidencia en oposición. Una tercera opción sería dejar el destino en manos del pueblo (el único y verdadero heredero de Perón) y, para ello, hay que generar opciones. El plenario de Rosario del 9 de abril, que reunió a varios ministros y que devolvió a primera plana al ex diputado Agustín Rossi fue un hecho novedoso e inusual en el tablero de ajedrez en el que se mueven las piezas del Frente de Todos.

Para bien o para mal, el gobierno nacional debe llegar a diciembre de 2023 con un país en marcha, con una gestión criticable en muchos aspectos pero que también tenga razones para ser defendida. Un gobierno que hasta hoy, con sus errores, supo enfrentar la pandemia tomando decisiones extraordinarias, que apostó a la producción y al trabajo, que por el momento no tiene en su haber decisiones que vayan en contra de los intereses del pueblo. La pandemia y la guerra fueron fenómenos impredecibles de gran impacto. Inflación y deuda, herencia de gobiernos anteriores.  En definitiva, un gobierno, que no parece merecer el abandono.

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