jueves 22 de octubre de 2020 - Edición Nº687

Geopolítica | 1 ago 2009

Vigilar y castigar

Honduras es la cara visible de una tendencia general. Estados Unidos llevó un doble juego de cara al golpe de Estado. El presidente Hugo Chávez sigue siendo considerado por los altos estamentos norteamericanos como un factor desestabilizador en la región.


Honduras de facto

Por Diego Otondo

El objetivo del golpe de Estado perpetrado en Honduras es doble. En el plano interno Washington necesita la recomposición del poder para  impedir la ruptura de la pirámide jerárquica hondureña. En el plano regional, complementario del primero, EEUU debe demostrar que el camino tomado por el presidente Manuel Zelaya es equivocado y que la injerencia chavista es una realidad negativa para América Latina.

Para lograr estos los objetivos fue necesario establecer claramente el tablero de los actores implicados. La justificación desde el poder político y económico, incluyendo la Corte Suprema y el Congreso, se llevó a cabo para que el papel de las Fuerzas Armadas no recordara demasiado a las dictaduras de los años de la Guerra Fría en América Latina. Cada componente en su lugar para distanciarse también del golpe perpetrado contra Hugo Chávez en 2002, para que formas y discursos legitimen el escenario político, y así evitar el fracaso.

Las Fuerzas Armadas hondureñas, según el comunicado Nº 1 a la opinión pública, “reitera que su participación se limitó únicamente al cumplimiento de una Orden Judicial”, y que en “ningún momento sus acciones han constituido ni constituirán una suplantación de los poderes del Estado legalmente establecidos”. Luis Pazos en el diario La Prensa de Honduras escribió que “el Ejército no tomó el poder, ni actuó por decisión propia, sino por órdenes de la Suprema Corte de Justicia de esa nación”. La Iglesia por su parte, llamó a la prudencia y a edificar desde la crisis “para emprender un nuevo camino”. Siguiendo la misma senda, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada reconoció a Roberto Micheletti como Presidente y llamó al diálogo y al entendimiento.

Los militares hondureños, con el egresado de la Escuela de las Américas Romeo Vásquez Velásquez a la cabeza, se presentan como sustitutos indirectos del poder civil. Al mismo tiempo, sus deberes son mantener en estado óptimo el escenario geoeconómico por encima de sus aspiraciones nacionales. En otras palabras, mantener en lo alto la democracia liberal y contrarrestar a la alternativa bolivariana, callar el rechazo hacia todo impedimento que desmorone la jerarquía que representa en América Latina a los ideales del gobierno de facto de Roberto Micheletti.

La importancia del tablero hondureño

Políticamente lo que está en juego en Honduras lo resume la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales –institución presidida por José María Aznar-. Para la fundación América Latina es el principal tablero “de batalla mundial” en el cual se disputan el “populismo radical y la democracia liberal”. Esto quiere decir que el apoyo a Zelaya como presidente constitucional significa ni más ni menos que el acoplo automático a la propuesta chavista.

El día clave fue el 19 de septiembre de 2008 cuando el gobierno de Manuel Zelaya dio explicaciones ante empresarios sobre su adhesión al Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba). El Congreso aprobó el ingreso al bloque bolivariano el 9 de octubre de 2008 con restricciones: el gobierno no tenía que llevar a cabo ningún compromiso militar y político con Venezuela.
 

Una mirada al mapa centroamericano ubica a Honduras en una posición estratégica geográfica y políticamente, ya que pertenece a un corredor que conecta dos océanos y dos continentes, mientras que comparte frontera con Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Los dos primeros son países que integran la Alternativa Bolivariana, mientras que el tercero en discordia se ha inclinado en las elecciones municipales y legislativas hacia el Frente Farabundo Martí Para la Liberación Nacional con el 51,3% de los votos.

En un contexto de tratados de libre comercio que Estados Unidos firmó en 2004 con América Central y República Dominicana, sin que el escenario sufriera modificaciones sustanciales, el Alba como propuesta posneoliberal irrumpió en la hegemonía norteamericana. La extensión del Alba y Petrocaribe pasó a inscribirse en una confrontación con la democracia liberal. "Honduras no tiene necesidad de un acuerdo con el FMI, Honduras ha superado todos los indicadores de un país que puede sostenerse sin el aporte del Fondo", expresó Zelaya quien generó un dolor de cabeza a la prensa y señaló el nuevo rumbo intolerable para la estructura de poder hondureña y latinoamericana.

Las palabras del primer mandatario hondureño se sumaron al escenario político alternativo en la región: Cuba admitida en la Organización de Estados Americanos (OEA) y en el Grupo de Río; Unasur como espacio de integración política; y las propuestas de un Banco del Sur, un Banco Central conjunto y una moneda única en la región.
 

La propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente abrió el abanico social e implícitamente llevó los postulados de una democracia participativa. Por lo tanto, el éxito de Micheletti es, además de una voz que alerta, un incentivo ante la posibilidad de triunfo de un golpe cívico militar en el marco de la “legitimidad”. Parafraseando a Atilio Borón, esto llevaría a la derrota de un demos participativo (la “cuarta urna”), o de múltiples sujetos colectivos que incesantemente intentan reconstruir el orden democrático.

La posición gris

La región que históricamente ha sido motivo para el intervensionismo norteamericano no dejó de ser de un día para otro un escenario superfluo. Las dictaduras en los años del enfrentamiento ideológico con la Unión Soviética marcaron la agenda; la “década perdida” culminó con la caída del Muro de Berlín para dar paso al “fin de la historia”, al triunfo de la democracia de mercado y su continuación en los 90. Hoy los diferentes escenarios latinoamericanos se disputan entre la continuación o no del neoliberalismo. Y lo sucedido en Honduras es central.
 

La OEA, el Mercosur, los líderes europeos y el propio Barack Obama, condenaron el golpe cívico militar. Para algunos Estados Unidos está, aunque más no sea, implicado de manera indirecta; para otros, Obama encarna con los avances hacia Cuba, una nueva era en la Casa Blanca en materia de política hemisférica. En realidad Estados Unidos está llevando a cabo las dos.

La condena de Obama que sufrió varias críticas, está en línea con lo que su administración llevará a cabo en los próximos años: revitalizar el llamado “poder blando” sin dejar de lado los preceptos rectores en el juego global. La guerra contra el terrorismo sigue pero las formas bushianas han agotado todo su potencial por lo cual Obama necesita proyectar una imagen diferente. Entonces: condena, llamado al diálogo entre las partes involucradas, y una serie de medidas que en última instancia legitimaron a Micheletti y dilataron la situación para desgracia de Zelaya.
 

El especialista en seguridad hemisférica Max G. Manwaring publicó durante el gobierno de George W. Bush en el "Strategic Studies Institute" (SSI) del Ejército norteamericano algunas de las características de la “nueva era” latinoamericana. Entre ellas se destacan: la movilización de sectores populares y sectores políticos contrarios a la hegemonía de Estados Unidos, como así también la figura de Chávez como factor desestabilizador para toda la región.

El analista Roberto Russell nos recuerda la importancia del “patio trasero” para los Estados Unidos descartando una posible tesis que indica la irrelevancia en el contexto post 11-S que representa América Latina para los Estados Unidos. América Central y México suman el 85% de inmigración latinoamericana, el 70% del comercio interamericano y el 60% de la presencia bancaria estadounidense.

Al respecto, Donald Schultz del SSI señaló que para 2010 el mercado de exportaciones entre Latinoamérica y los Estados Unidos superará a Japón y la Unión Europea. A lo económico se le suma lo político. La promoción de la democracia en el continente supone la seguridad nacional para los Estados Unidos: no es probable que dos democracias (liberales) se declaren la guerra entre sí es la conclusión. Según Schultz las democracias y la integración –no precisamente vía Alba- están cada vez más ligadas la una con la otra.

La lista de cuestiones relativas a la seguridad en América Latina no se ha modificado sustancialmente. La Casa Blanca continúa mirando al continente desde factores sensibles a la seguridad y a la inestabilidad que ciertos actores “provocan”. Desde la óptica norteamericana Venezuela sigue siendo el exportador de inestabilidad política; Brasil todavía es el moderador regional; China una amenaza externa; y el Caribe, desde el punto de vista militar, un centro estratégico (“Lista de cuestiones estratégicas clave”, SSI, 25 de junio de 2009).

Lecciones
 
Las piezas que se mueven en el continente inspiran a los detractores a poner énfasis en una democracia en peligro. En consonancia con la tradición neoconservadora de Samuel Huntington, la democracia posee una condición previa para su realización: la economía de mercado. Sussane Gratius de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior advierte sobre los peligros nacionalistas: “el auge del populismo y la vuelta al discurso nacionalista favorecen (el) proyecto bolivariano”, y agrega que Europa debe convencer a Washington de que debe dejar de lado el conflicto con Venezuela porque alimenta la radicalización del proyecto chavista.

La firmeza de los Estados Unidos no fue un punto sobresaliente en el escenario hondureño porque en disputa se encuentran dos modelos. “Nosotros creemos que si tuviéramos que elegir un gobierno modelo y un líder modelo en la región para que los demás países lo siguieran, el actual liderazgo de Venezuela no sería ese modelo. Si esa es la lección que ha aprendido el presidente Zelaya de este episodio, bueno, entonces sería una buena lección” declaró Phillip Crowley, vocero del Departamento de Estado el 20 de julio (“La ofensiva imperial en América Latina, Eva Golinger, rebelión.org).

El modelo al que alude Crowley es el Alba y Petrocaribe. Los países centroamericanos observaron que la propuesta podía ser una alternativa a las ya existentes sin que se haya, aunque es un obstáculo, deformado el mapa geoeconómico. El Alba y sus propuestas pusieron sobre la mesa la discusión política, hecho que en la democracia liberal debe funcionar con poca intensidad y bajo los mandatos de la libertad económica y privada. En consecuencia, hubo que derrocar a la política en un intento por evitar que una hegemonía alternativa se expanda o que sea un verdadero proyecto a largo plazo. De aquí también la renuencia a aceptar cualquier tipo de reelección en base a personalismos políticos.

El mismo escenario se presenta con el ingreso de Chávez al Mercosur. Todavía se pueden oír los gritos desgarradores de la Unión Industrial Argentina pidiendo la expulsión de Venezuela del bloque regional. Por su parte, Arturo Valenzuela, designado como secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos y bloqueada su asunción por los republicanos, manifestó que “Chávez desvirtúa mucho el potencial del Mercosur. Creo que es un revés para sus intereses. Es curioso que Brasil lo haya permitido” (diario La Nación, 13 de septiembre de 2006).

El intento de superar las secuelas de más de dos décadas de neoliberalismo es la característica del mapa político de varios países en América Latina. En la conformación de un nuevo contexto para disparar el sentido de los debates hacia costados que el discurso dominante oculta, la contraofensiva es la despolitización de la sociedad. La lección dice que cuando en la democracia se ponen en tela de juicio aspectos inherentes a su funcionamiento liberal, la respuesta es menos democracia y la amplificación de un discurso unificado.

Este es el ensayo que se produce en Honduras, un ensayo contra los cuestionamientos políticos. Mientras tanto, el contexto del golpe de Estado muestra cómo Estados Unidos amplía sus bases en Colombia; el presidente colombiano Álvaro Uribe coquetea con el gobierno de facto hondureño; Israel preocupada por lo que pasa en Latinoamérica con la visita del ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman; y un silencio mediático desolador. En suma, se trata de dar un paso hacia adelante para poder retroceder dos. La democracia no está en juego, pero sí sus formas.

Militares graduados en la Escuela de las Américas
ARGENTINA 931
HONDURAS 3691
EL SALVADOR 6776
NICARAGUA 4693
MEXICO 579
BOLIVIA 4049
COLOMBIA 8679
REPÚBLICA DOMINICANA 2330
GUATEMALA 1676
HAITÍ 50
PANAMÁ 4235
CHILE 2405
BRASIL 355
COSTA RICA 2376
ECUADOR 2356
Fuente: Centro de Estudios Miguel Enríquez



El golpe de Estado en cifras

El periodista venezolano Modesto Guerrero autor del libro ¿Quién inventó a Chávez?, entre otros, recuerda en cifras la cantidad de golpes de Estado en América Latina. El artículo titulado “Memoria del golpe de Estado en América latina durante el siglo XX” expone:
•    Desde el año 1902 hasta 2002 se produjeron 327 golpes de Estado. Hay que agregar el golpe en el año 2004 en Haití contra Jean-Bertrand Aristide y el actual a Manuel Zelaya.
•    El país en el cual se han registrado más golpes de Estado es Bolivia: 56; luego le siguen Guatemala con 36; Perú con 31; Panamá con 34; Ecuador, 23; Cuba, 17; Brasil, 10; Chile 9; y Argentina 8.

Rumores

El diario guatemalteco La Hora publicó un editorial en el que daba cuenta de rumores de golpe de Estado. Dice: “El golpe de Estado ocurrido en Honduras ha provocado, entre otras graves consecuencias, especulaciones acerca de que similar ruptura del orden constitucional puede acontecer en otras naciones latinoamericanas, incluyendo a Guatemala, sobre todo por la ineptitud del Gobierno del presidente Álvaro Colom para hacerle frente a la ola de criminalidad que azota a todo el territorio nacional, y por las tendencias bien marcadas de grupos oligárquicos que pretenden retornar al oprobioso pasado”.


Aportes del Alba según datos de 2008 (millones de dólares)

  1. Cuba 18.776
  2. Bolivia 6.724
  3. Nicaragua 5.523
  4. Banco del alba 1.350
  5. Haití 440
  6. Honduras 130
  7. República Dominicana 8

 

 

 







 

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